Defectos de los Sacerdotes Contemporáneos

 
Sacerdotes Contemporáneos

Nuestros sacerdotes piensan que el llegar al Sacerdocio es lo mismo que llegar al culmen de la Santidad, en otras palabras es ser el superior en la viña del Señor, o sea, es salir del montón de gente inferior y ser el destacado entre la multitud.

Así es como piensa el mundo, pues hay que ser un gran arquitecto o el mejor científico del mundo, para ser reconocido por su prestigio. Así de esta manera, cualquiera en el mundo, quiere y sueña ser famoso, y así mismo de esta misma manera, se guían y de esta misma manera lo piensan en el clero.

Nuestros sacerdotes, hoy en día lo piensan, lo viven y lo hacen una realidad en ellos, pero no nos lo dicen, porque para poder ver la mancha que hay en un sacerdote contemporáneo, hay que estar muy cerca, pero relativamente muy cerca de Cristo, de lo contrario, creeremos todo lo que ellos nos digan o enseñen, así nada más, a tontas y a siegas.

Es decir, dicho de otra manera sería así: ¿Quién dijo que nada más los que reciben el sacramento del sacerdocio, son los únicos que deben ser instruidos y capacitados?

¿Quién dijo que los laicos no pueden o no deben capacitarse en la verdad y el conocimiento histórico y teológico de nuestra religión?

¿De dónde acá y como es que los laicos no podemos o no debemos prepararnos en nuestra doctrina, tanto o más que cualquier sacerdote?

¿Quién dijo que los laicos deben ser unos ignorantes e ineptos en los fundamentos y la teología de nuestra santa religión?

Esa es la razón, por la que los laicos, en lugar de conocer y declarar las injusticias dentro de la misma Iglesia, no las ven y no las pueden parar nunca.

Desgraciadamente tenemos sacerdotes, de la más alta curia, representantes de la Diócesis y hasta de los seminaristas, que vienen y se presentan ante una comunidad parroquial, con semejante orgullo, con semejante autoridad y con tanta altanería, que asumen que ellos son toda una eminencia en la teología y la doctrina de la Iglesia y dan hasta su nombre y rango que tienen y lo que ellos representan en la Iglesia, todo esto con una tremenda ausencia de sencillez y de cordura evangélica que pudiera dar crédito a su ministerio como representantes de Cristo.

Son sacerdotes, que al llegar a celebrar Misa, hacen su entrada triunfal, con aquel paso exclusivo y acelerado como de reyes o de señores feudales, que vienen cargados con toda la autoridad máxima de la Iglesia y que dan mensajes de apoyo y de un supuesto entendimiento y comprensión hacia el pueblo, pero que en ellos brilla la ausencia de Cristo en sus mensajes y en sus vidas.

Pero para nuestro conocimiento, estimada audiencia, la palabra Sacerdote es lo mismo que ser Santo, solo que no se refiere a esta santidad contemporánea que nuestros sacerdotes nos están proyectando hoy en día. A esto se atienen nuestros sacerdotes actuales, pues el pueblo carece de conocimiento y entendimiento doctrinal.

Sin embargo, esta santidad proyectada por nuestros sacerdotes, no es la instituida por Moisés en el antiguo testamento y mucho menos la constituida por nuestro Señor Jesucristo en su Iglesia Santa, católica, Apostólica y Romana.

Pero pongamos un ejemplo, Jesucristo pregunta ¿Quién es el mayor? Porque ¿Quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve.

La enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, no tiene vuelta de hoja, Él es más claro que el agua clara, nuestros sacerdotes, deben ser siervos y trabajadores al servicio de los fieles y no cobradores de impuestos o políticos envueltos en asuntos económicos que no tienen nada que ver con el ministerio al que ellos representan.

Pero en fin, tenemos un caso de mucha importancia y de extrema necesidad que hoy en día está sucediendo en nuestra Iglesia. Sucede que tenemos una carencia de sacerdotes y es extremadamente necesario tener más sacerdotes para el oficio.

Pues bien, lo que sucede es que en cada Misa se ruega por las vocaciones sacerdotales y he aquí el hecho más sorprendente de esta nota:

Tenemos sacerdotes, de alto rango clerical, que nos vienen a hablar de la necesidad de orar mucho por las vocaciones sacerdotales. En cuyos discursos, hablan de todo este asunto, pero el evangelio ni siquiera lo pueden enseñar e interpretar correctamente.

El tema básico, es que hay varias clases de vocaciones, es decir la vocación innata de la vida, a la que hemos todos nacido y que consecuentemente la defendemos por naturaleza.

La vocación al matrimonio, en la que dan una explicación muy simple, muy básica y propia de adultos-bebes, es decir, muy poco mensaje evangélico al respecto.

Luego tenemos la vocación a ser solteros, es decir que ser soltero es también otra forma de vida muy buena y por la cual no debemos renegar, especialmente si no conseguimos casarnos. Nos enseñan que la vida de soltero es meritoria y no hay que avergonzarse, es muy digna y merece todo el apoyo nuestro.

Lo más sorprendente, es el eufemismo que se usa para recalcar la soltería, pues como si en la vida del soltero, no se viviera la vida de fornicación y como si en la vida de solteros no hubiera desórdenes y como si en la soltería no existiera la vida loca.
De manera pues que en la vida de solteros, se puede hallar una verdadera vocación y muy digna de ser apreciada por Dios.

Parece ser que nos están diciendo, que en la vida matrimonial no existen las infidelidades y todo tipo de desórdenes que ofenden a la pareja, a los hijos y a Dios.

Desde luego en estos discursos no hay cabida a la corrupción en la juventud, solo aplausos y solo discursos positivos. Hablar de lo positivo, siempre ha sido el lado flaco de todos los ministerios y ministros en la Iglesia. Resaltar lo positivo es lo grandioso y ocultar los defectos es la fuerza de la Iglesia. Claro, uno de los puntos a tratar es la vocación sacerdotal que en definitiva tiene y debe de venir departe de hombres jóvenes y solteros.
Cuando nos hablan de vocaciones, parece ser que nos quieren decir indirectamente, que también existe la vocación, de gatitos, perritos, pajaritos, etc., pues hasta los animales, también han sido llamados a la vocación animal. He aquí un gran mensaje evangélico, proveniente de parte de nuestros sacerdotes. He aquí un ejemplo de los estudios teológicos y doctrinales recibidos en los seminarios sacerdotales, felicidades.

¡Que por cierto, a nosotros los laicos, nos cuestan una fortuna, pagarlos a la diócesis, para preparar a los sacerdotes!

Si tocamos el asunto primordial del celibato en la Iglesia primitiva, podríamos mencionar la ocasión en que el apóstol Pablo, deseando que los jóvenes prefirieran ser como él, célibe y fiel en la misión de su Redentor, el apóstol recomienda que si el joven o la joven que es llamada o llamado y no puede cumplir con la misión evangélica que el Señor nuestro Dios le haya encomendado, que es mejor casarse que abrazarse.

Es decir, no hay tal recomendación a ser jóvenes solteros y expuestos a la fornicación, así que entonces ¿Cómo es que nuestros sacerdotes pretenden enseñarnos que la soltería es buena vocación? Si todos sabemos que el hombre ha sido creado para reproducirse y para dar vida al plan de Dios eterno.

Porque ser soltero y sin Dios, es lo mismo que ser un fruto podrido en el plano salvífico de Dios, o dicho de otra forma, ser casados y sin Dios, es ser la manzana de la discordia. Así mismo, nuestro Señor Jesucristo, nos lo prueba con su propia vida y con la cantidad de llamados a ser elegidos eunucos del altísimo.

Es decir, lo que se debería de proponer, es que, ya que si es soltero y no hay planes de casarse, es mucho más saludable y recomendable encaminar nuestra vida al sacerdocio o al servicio religioso, para las mujeres.

Pero claro, en vez de llamar al pan, pan y al vino, vino es mejor aplaudir todo lo que los demás hacen, en lugar de enseñar que no es bueno ser solteros sin Cristo, pues hablando de esta manera, nadie se ofende y al mismo tiempo nadie entendió nada y todos salieron contentos, sin ser reprendidos y sin entendimiento evangélico, pero el sacerdote cumplió con su obispo al cumplir con su misión o trabajo Diocesano.

Pero volviendo a nuestro tema, el gran detalle que no pueden ver nuestros sacerdotes, de la más alta categoría clerical, es que desgraciadamente, se están dirigiendo a un pueblo muerto en la fe, pueblo que no sabe ni siquiera lo que significa ser católico.

Estamos llenos de millares de católicos que desconocen su propia religión y que solo vienen a misa una vez al mes, o una vez al año o cuando se celebra la quinceañera o la boda de una pareja.

La Iglesia está llena de fieles, que no dejan de confesarse todos los fines de semana o cada vez que pecan, porque no dejan de estar pecando y porque la Iglesia no quiere enseñarles el verdadero evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

¿En dónde están nuestros sacerdotes parroquiales y sacerdotes diocesanos cuando se necesita llevar la palabra de vida a las multitudes? y ¿dónde están los sacerdotes del Altísimo, santos y preparados para mover montañas?

¡Si claro! ellos están preparados para mover montañas de dinero, pelando y trasquilando a las ovejas o fieles católicos de nuestra propia Iglesia.

Es evidente que no solo necesitamos más sacerdotes en nuestra Iglesia, pero los que tenemos, necesitaríamos que también ellos terminen de conocer la doctrina y la teología de la Fe que ellos mismos profesan.

Ahora podemos llegar a comprender, ¿por qué les molesta que los laicos sean capacitados? Así que para evitar cumplir con la humildad y el amor que Jesucristo nos enseñó y que Cristo les exige, es más fácil abusar de la autoridad que tienen y excluir y callar o despedir a los laicos y sacerdotes o religiosas capacitados de nuestra Iglesia.

Sí porque en nuestra Iglesia, nosotros los laicos, somos testigos de que tenemos sacerdotes fieles a Cristo y fieles a su doctrina. Somos testigos de que tenemos sacerdotes, verdaderamente unas eminencias en la doctrina y en la teología, y también laicos fieles sumamente capacitados en la doctrina y teología de nuestra santa religión, y sin embargo son despedidos y son descalificados por la más alta jerarquía de la Iglesia.

Es decir, como decimos en los ambientes o reuniones eclesiales, se les aplica la ley del hielo.

A los laicos, se nos capacita, se nos certifica y se nos instruye para hacer crecer, para evangelizar y fortificar a la Iglesia, y a la hora de que algún laico quiere ser verdadero soldado de Cristo y ejercer el ministerio evangélico, resulta que ahora la Iglesia quiere ver si esa educación, está actualizada y si va en acorde con los planes de la Diócesis. Maravillosa respuesta de nuestros obispos y sacerdotes diocesanos, verdaderos políticos y prueba de que son falsos funcionarios de Nuestro Señor Jesucristo en su Iglesia.

Cuidado porque la Iglesia en estos casos es muy cuidadosa, no sea que algo equivocado vaya a resultar, así que prefieren tomarse toda la vida para pensarlo.

Dudando si en verdad toda la enseñanza recibida por años y toda la ascética experimentada y vivida por años en estos laicos, es verdadera y útil en la Iglesia.

Tremenda la bofetada que nos dan, y dan al traste con todos los planes de salvación entregados por Cristo a su Iglesia y por supuesto que ellos mismos se vienen a contradecir en todo lo que ellos mismos han fabricado.

Nosotros como laicos llevamos el golpe y las heridas que Cristo recibe en tantos sacerdotes que no se les permite cumplir con su misión de salvación. Claro los sacerdotes menos calificados son los que dirigen nuestra Iglesia y por eso mismo el Señor Dios todo poderoso, dijo en el tiempo de Daniel, la iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y jueces que se hacían guías del pueblo.

Decía nuestro padre en la familia, los gatitos abren los ojos a los quince días de nacidos y la Iglesia y sus Obispos ya llevan más de dos mil años y nuestros sacerdotes, aún no quieren abrir los ojos a la realidad de Cristo y de su misión en la Iglesia.

Sí porque, el Señor Jesucristo, el Dios todopoderoso, no ha dejado de enviar profetas, en diferentes épocas o siglos de la era humana y aún se siguen repitiendo las mismas palabras proféticas de nuestro Señor Jesucristo.

¡Jerusalén! ¡Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo sus alas, y no habéis querido!

Ha veces cantamos la alabanza ¡Si tu volvieras a pasar, te diríamos que sí, Señor!, pero la realidad es muy diferente, nuestro Señor Jesucristo está muy ofendido por el proceder de nuestra Iglesia hoy en día.

Editorial Piedrecita, les desea la paz de Nuestro Señor Jesucristo a todo aquel que lo busque con corazón sincero.
Bendiciones en el nombre del Señor.
Saludos y paz,
Jesé Retoño
Editorial Piedrecita.

 

 

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