El Corazon de Mi Madre

 
El Corazon de Mi Madre - Jesé Retoño

Piedrecita es una palabra del altísimo.

Como hijo del altísimo, vivo en medio de la incomprensión, sufro el rechazo de los demás, sufro la vergüenza de mi iglesia y el desprecio de las comunidades eclesiales. El celo por el amor de mi Padre celestial y el amor profundo por Cristo, me consumen. Yo soy mensajero del altísimo y llevo en mí, el corazón de mi madre celestial, llevo los rasgos del nazareno en mi cuerpo y en mi alma, y llevo el Espíritu de mi Padre Celestial.

Por el bautismo, recibí la bendición y gracia santificante de los hijos de Dios y con ello también recibí la misión del sufrimiento. Como un miserable mendigo soy en esta vida, como el nazareno no tengo ni donde reclinar mi cabeza, pues los pájaros tienen sus nidos y las zorras sus madrigueras; pero ahora que llevo el yugo de la misión que Cristo me ha encomendado, me doy cuenta de que sus palabras nunca se refirieron a la ausencia del dormir o de descansar con un dulce sueño en esta vida.

¡No! Cargar con una misión celestial no es en verdad muy fácil, y no muchos hombres o sacerdotes en el mundo, lo podrían aceptar. ¡No! No hay sacerdotes capaces de aceptar una misión de pobreza, de verdad evangélica y de renuncia hacia los amores, pasiones o apegos humanos. Nuestros sacerdotes, han ofendido al altísimo. Nuestros sacerdotes y obispos, se han manchado, se han prostituido con cuentos, filosofías, y preceptos humanos. Nuestros sacerdotes, han torcido el evangelio y han despreciado la gloria de mi Padre, por favores y apegos a los honores humanos. Nuestros sacerdotes, no han honrado la presencia del Eterno ante el altar, pues estando entre vosotros, ya le han despedido y hasta le han escupido a la cara.

¿Creen ustedes acaso que un laico o seglar cualquiera, aceptaría una misión celestial, digna de rechazo y de repudio por todos? Pues decir una verdad evangélica, te cierra las puertas de los amigos, de los familiares, de las sociedades y aun de tu misma iglesia.
El que un hombre o sacerdote, tenga el valor de decir una verdad evangélica, frente a su comunidad o ante las sociedades, tal como Cristo lo quiere, le costaría descubrir sus flaquezas. Le costaría que su obispo, la iglesia misma y las multitudes, lo rechacen y le cierren las puertas.

Piedrecita, es una bendición para millares y un tropiezo para los que distorsionan el evangelio de mi Padre celestial.

Es más fácil, complacer a las multitudes y decirles que Dios es muy misericordioso. Es mejor llamar a los niños al frente del altar, todos levantar las manos, crear el desorden, rezar el padre nuestro, dar gracias y dar gloria a Dios. Es más fácil honrar, adular, ensoberbecer y aplaudirles a los líderes por sus horrores doctrinales, y elevarlos a la cúspide de la iglesia.

Es más fácil abusar de la autoridad y fama del sacerdocio, para manejar el evangelio al gusto de los hombres, deshonrando a Dios. Es más fácil ser un sacerdote arrogante, con cara de ángel, hipócrita, con apariencia de humildad, creído, necio, despiadado, adulador y quedador de bien ante las multitudes.

Es más fácil engañar a las masas, diciéndoles que tan solo con venir a Misa serán salvos, cuando se omiten todas las responsabilidades y deberes evangélicos que conllevan el ser hijos del altísimo.

Es más fácil que un sacerdote, permita que cualquiera, sin ser católico y aun siendo católico, pero muerto y alejado de Dios, venga y comulgue o reciba el cuerpo de Cristo con tanta indignidad. Las celebraciones paganas ofrecidas por la iglesia, son el ejemplo perfecto, así como las quinceañeras, miércoles de ceniza, Halloween o el día de los muertos o fieles difuntos, e infinidad de celebraciones mundanas que no tienen fundamento en Cristo, o que aun siendo parte de nuestra fe católica, han tomado desviaciones completamente equivocadas.

¡Si! Es más fácil celebrar una boda o sacramento del matrimonio y que el sacerdote sabiendo y viendo, cierre él mismo los ojos y no vea las multitudes muertas y pestilentes ante Dios, pero todos pasan a comulgar.

¡Sí! Es más fácil que un sacerdote le dé la comunión a cualquiera, en lugar de reprender y amonestar a las multitudes por estar en pecado. ¡Sí! Es más fácil que un sacerdote termine su Misa, dando mensajes filosóficos que permitan que las multitudes lo feliciten y le aplaudan, pues decir una verdad evangélica a ejemplo de Cristo, le costaría el rechazo de las multitudes y se perderían las monedas que nunca llegarían en las colectas o cuotas de los servicios del domingo y de los eventos parroquiales.

Con tanta razón dice San Pablo en su carta a los hebreos: – Hebreos 10, 28-31. Si alguno viola la ley de Moisés es condenado a muerte sin compasión, por declaración de dos o tres testigos. ¿Cuánto más grave castigo pensáis que merecerá el que pisoteo al Hijo de Dios, y tuvo como profana la sangre de la Alianza que le santificó, y ultrajó al Espíritu de la gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza; yo daré lo merecido. Y también: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Es tremendo caer en las manos del Dios vivo!

¡Sí! ¡El corazón de mi Madre!, pues cualquiera que deseé servir y obedecer a Cristo, recibirá el corazón de mi Madre, la señora del cielo. Lucas 2, 34-35. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.

Piedrecita, es la voz de mi Padre celestial que rechaza las ofensas que se hacen contra su Hijo amado, y que le ofenden intrínsicamente.

No puedo olvidar a mi madre, desde el día en que me llamo para limpiarme y levantarme del terrible desaliento y de la miseria espiritual en que había yo caído…por los tantos desprecios, insultos, despidos y abusos de la iglesia hacia mí.

Yo “Jesé Retoño” en lo profundo de mi alma, llevo el corazón de mi madre, pues ella me ha llamado para que yo obedezca a su Hijo amado, y me ha preparado para que yo escuche y haga todo lo que su Hijo quiere que yo comunique a su iglesia y al mundo entero.

El corazón y el alma de mi Madre, han sido traspasados por el rechazo y el repudio del evangelio de su Hijo amado, y esta es la misión que ella me ha encomendado. Yo, “Jesé”, el mensajero del altísimo, llevo el corazón de mi madre, pues sufro con ella el dolor del rechazo que se le da a su Hijo santísimo y sufro el desprecio que se le da a mi Padre celestial. Mi corazón y mi alma están rotos como el de mi Madre. Siento el dolor de Cristo, ¡si Él sufre, yo sufro!, ¡si Él es rechazado, yo soy rechazado!, ¡si soy odiado, también Él se siente odiado! ¡Si soy expulsado de la iglesia, Él también es expulsado! Los dos somos de un mismo sentir.

Ya no sé distinguir, pues hay momentos en que ya no sé si soy yo o si soy Cristo, o es Cristo o soy yo mismo. Miro con sus ojos, conozco el bien y el mal, reconozco a los que son de Dios y veo con claridad a los que son enemigos del altísimo. Las multitudes manchadas de pecados, se acercan a recibir el cuerpo santo de mi amado. Y veo las deshonras y las maldades de los hombres; pues multitudes indignas lo abusan y sacrílegamente lo escupen, insultando su divinidad e insultando a su santo rostro.

Cualquiera se acerca indignamente a la mesa de mi Señor. Se acercan niños y adultos que solo quieren milagros y vivir eternamente en pecado en esta tierra. ¡Sí! adultos y niños que solo quieren una vida llena de alabanzas, rezos comunitarios de domingo y fandangos o parrandas semanales.

…Adultos y niños que solo quieren una vida de placeres, riquezas, lujos, éxitos, comodidades, pecados, milagros y la garantía de que serán salvos. ¡Sí! …Adultos y niños que solo adulteran sacrílegamente tomando y manipulando el cuerpo de mi amado. …Adultos y niños que perteneciendo a otros cultos paganos, comen, escupen e insultan sacrílegamente a mi amado maestro y hermano divino.

Cualquiera se acerca a comulgar y atropella a los demás; cualquier zombi disque católico atropella a cualquiera, pues nadie tiene respeto y misericordia para con los demás, nadie sede el paso, nadie ve a Cristo en los demás, pues todos ven sus intereses solamente, pero eso sí, todos reciben el cuerpo y la sangre de Cristo.

Piedrecita, lleva el Espíritu del Padre celestial y proclama las injusticias que ofenden al Eterno.

Llevo en mí los rasgos del nazareno, pues me muevo como Él, pienso como Él, siento como Él, me indigno como Él cuando veo estos ultrajes. Salmo 69, 8-10. Pues por ti sufro el insulto, y la vergüenza cubre mi semblante; para mis hermanos soy un extranjero, un desconocido para los hijos de mi madre; pues me devora el celo de tu casa, y caen sobre mí los insultos de los que te insultan. ¡Sí! llevo el corazón roto y el alma destrozada de mi Madre y los insultos de los que insultan al hijo amado.

Yo, “Jesé Retoño”, llevo el corazón de mi Madre santísima, llevo en mí, el rostro del nazareno y llevo el Espíritu de mi Padre celestial. Yo “Jesé Retoño”, estoy empapado completamente del Espíritu de mi Padre celestial, llevo el coraje de un “Lobo apocalíptico”, reflejo el semblante del León de la tribu de Judá, pues el Espíritu del Señor está en mí. Yo soy “Jesé Retoño” y he venido con el furor de un “Lobo Apocalíptico” embravecido, para arrebatar de las manos del enemigo, las almas de los que se han de salvar, en el nombre del Santo de los Santos.

El Dios de Israel me ha dado su Espíritu en arras. Ezequiel 36, 23-27. Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por vosotros. Y las naciones sabrán que yo soy Yahveh –oráculo del Señor Yahveh—cuando yo, por medio de vosotros, manifieste mi santidad a la vista de ellos. Los escogeré de entre las naciones, los recogeré de todos los países y los llevaré a vuestro suelo. Los rociaré con agua pura y quedareis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras los purificaré.

Y les daré un corazón nuevo, les quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que se guien según mis preceptos y observen y practiquen mis normas.

¡Sí! Llevo en mi alma, el corazón de carne y es el corazón de mi Madre; llevo los rasgos del nazareno y el Espíritu de mi Padre celestial. He sido rociado con agua pura desde el día de mi bautismo. He sido purificado y he quedado limpio por obra y gracia de mi Padre celestial. Me pregunto, ¿quién obedece las normas y preceptos de mi Padre?

El corazón nuevo, de carne, anunciado por los profetas, es el corazón de mi madre santísima. Si alguno en esta vida, quiere encontrar su salvación y llegar ante la presencia misma de Cristo y de mi Padre celestial, ese tal; deberá aceptar y llevar en su alma el corazón de mi Madre, la Señora del Cielo. Ese tal deberá aceptar a Cristo junto con su Madre, y también a su única santa Iglesia católica instituida por el mismo Redentor.

Piedrecita, es una oración destinada a las naciones y a todos los pobres de la tierra.

Estoy llamado para una misión, y no dejaré de cumplir y obedecer a la hermosa y dulce voz de Cristo mi amado, y no desobedeceré a la poderosísima y eterna voz de mi Padre celestial. El mundo no conoce a mi Padre celestial y ni al Hijo, pues nadie jamás los ha visto; pero yo soy el más pequeño y he venido a cumplir con la voluntad del eterno. Cuantos obispos, sacerdotes y líderes, desearían que quedase yo en burla, despreciado y avergonzado de mis insensateces, y de mi “falsa” misión.

¡Sí, claro!, en especial Satanás, el enemigo de Dios y de los que buscan su salvación. Él, quien al momento de enterarse de mi misión, se ha tornado más violento. Él quien ha comprado con sus mentiras a miles de sacerdotes y líderes corruptos. Él, quien ha creado más odio entre las naciones. ¡Sí! yo quedaré burlado y destrozado, pero antes, no dejaré de cumplir las palabras eternas de mi Padre celestial y jamás me avergonzaré de ser hermano de Cristo, mi adoración eterna. ¡Sí! yo les digo a todos (Mateo 5, 18): El cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la ley sin que todo suceda.

¡Sí!, antes de que llegue el día de mi derrota y antes de irme al lado de mi Padre celestial, no dejaré de proclamar que mi Madre, la Señora del cielo me ha amado, y que ella misma se ha preocupado por la salvación de muchos en su iglesia y en el mundo entero.

Que Dios y mi Madre, bendigan al mundo y a su iglesia. El Señor Jesús, el dueño de la vida, quiere conversión absoluta en toda su santa iglesia.

Yo soy “Jesé Retoño” el mensajero del altísimo. Cambien sus vidas para Dios, vivan la vida sacramental y no vuelvan a pecar, honren al altísimo y cumplan sus preceptos. Yo, “Jesé Retoño”, les digo a todos en el mundo, Cristo es Dios eterno y verdadero. Dios mi Padre celestial, es una realidad que está por encima de toda realidad. También les digo, no saben de lo que estoy yo hablando en este preciso momento, pero se acerca el día, y ya está cada vez más cerca.

Piedrecita es un rugido del león de la tribu de Judá.

Estoy orando y clamando a Dios mi Padre celestial y le ruego que tenga un poco más de paciencia y misericordia. Mi corazón sufre y ruega continuamente por la salvación de la santa iglesia y por el mundo entero. Ruego a mi Padre celestial por el perdón a la desobediencia de Pedro. Mi corazón sufre, porque la iglesia no es la novia engalanada, pero está toda desgreñada y prostituida. Mi madre ya no puede sostener el brazo de su Hijo amado, por la desobediencia, los insultos de la iglesia y del mundo entero. Esta es mi vida de oración continua, segundo a segundo.

Yo – Jesé Retoño, quiero ofrecer el corazón de mi madre a todos los pobres y a los que sufren en la tierra; pero de una manera muy especial, deseo ofrecer el corazón de mi Madre—la Señora del Cielo—a los pobres de toda la nación de Rusia. Mi madre, quiere que todos los sacerdotes y obispos de esta nación, se unan a la única santa Iglesia católica de su Hijo amado, pues mi madre quiere mostrar su compasión a la nación de Rusia y a todos los que esperan en Cristo su hijo, en todo el mundo.

Yo soy “Jesé Retoño”, y soy el rugido del león de la tribu de Judá, y quiero dar la bendición de mi Madre santísima a los sacerdotes y obispos de Rusia, para que oren y humildemente se pongan en las manos de mi Madre piadosa. Cristo y mi madre desean la misericordia de Pedro para con los pobres, “a ti te llamo Pedro”, para que la gloria de mi Padre sea derramada en todas las almas sedientas de justicia y de paz divina.

Cristo mi Señor, quiere una sola iglesia, una sola madre celestial, un solo pedro—jefe de la iglesia—y un solo rebaño. Cristo mi hermano, no quiere sectas o credos, pero solo una santa iglesia y una sola será su iglesia el día de su liberación. Rusia—la iglesia Ortodoxa, las sectas o protestantes y otras naciones no creyentes del catolicismo, él desea que se unan a su única santa iglesia católica apostólica y Romana. La vida sacramental dentro de la santa iglesia católica, es la única garantía de nuestra salvación para todos en el mundo, y fuera de ella no hay salvación.
Esperar el día de su revelación, yo soy “Jesé Retoño”.

El tiempo ha llegado. La paz de mi Padre celestial sea con ustedes.
Los saluda vuestro hermano el menor, “Un Lobo Apocalíptico”.
Atentamente: Piedrecita.

 

 

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