El Liderazgo en la Iglesia

 
Coro Despedido de Iglesia Catolica

 

El Liderazgo en la Iglesia

Piedrecita, Ministerio de Evangelización e Instrucción Religiosa

 

¿Qué significa ser líder en la Iglesia? o mejor dicho ¿acaso Cristo instituyó el liderazgo en su pueblo?

La palabra “líder” se aplica a aquel o a aquellos que dominan o controlan a otros. Líder es el jefe de un partido político, de una organización, de un país, o de un grupo o sociedad.
Tal parece que la Iglesia, verdaderamente quiere ser un partido político o un gobierno del mundo, en el que se maneja con líderes. Tal parece que la Iglesia de Cristo quiere darle la espalda a Cristo, y llegar a ser o mejor dicho, ya le ha dado la espalda a Cristo. La iglesia, ya es un nuevo fariseísmo contemporáneo. El olor fétido y pestilente de los males en la iglesia, ya lleva décadas y la iglesia no se ha percatado de sus malos olores.

Ciertamente, que Cristo instituyo el orden jerárquico, pero entre orden jerárquico y liderazgo, hay diferencias abismales y antagónicas. El orden jerárquico instituido por Cristo, es de inferior a superior; cuya superioridad es y debe ser pobreza extrema, sacrificio total, humildad, santidad suprema y perfección; mientras que liderazgo es orgullo, soberbia e impiedad absoluta. Pues la equivocada interpretación de las escrituras hoy en día por la iglesia, le ha dado por acomodar todo a su más despiadada conveniencia humana. El pretexto de la iglesia, en cuanto a que es también una institución humana, ha causado que se incline más, mucho más hacia toda aspiración humana solamente, quedando la institución divina en el último rincón del recuerdo.

Piedrecita nos recuerda que, el Señor Jesucristo, dijo: Ustedes saben que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus gobernantes o líderes las oprimen con su poder, pero no ha de ser así entre ustedes sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será el servidor de todos, y el que quiera ser el primero en la Iglesia, será esclavo de todos, que tampoco el hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.(Marcos 10, 42-45)

¿Cómo se puede identificar a un líder en la Iglesia?

Un líder, normalmente, no conoce de religión ni un cacahuate, porque para ser líder, no se necesita conocer a Cristo y mucho menos conocer su doctrina, y aun peor no se necesita obedecer a Cristo. Un líder no necesita amar a Cristo; pero aquel que es líder, debe de tener las agallas de dominar, mandar y dirigir a otros. Esta es la característica que se destaca en los líderes de la Iglesia. Usted lo puede comprobar visitando cualquier ministerio parroquial en cualquier diócesis y en cualquier país.

Una de las características que sobresalen en un líder, es la predominancia de mandar, sentarse en sus puestos o ministerios eclesiales para siempre, de manera que nadie los pueda substituir. Un líder jamás tiene la disposición de oír quejas u opiniones de alguien que se considere de menor rango que él o ella. Los líderes se adueñan de su territorio, como suelen hacerlo los animales en la selva. Un líder normalmente no quiere que nadie más entre a formar parte de la iglesia, pues no quiere que nadie le quite el puesto. Un líder no quiere que nadie sepa más que él o ella y si ese es el caso siempre se las ingenia para que tal persona no pueda jamás servir en la iglesia.

Un líder, en la iglesia, es normalmente un dictador. Otra característica de un líder es hablar más que los demás, el líder tiene el poder de correr o despedir y callar a quien sea en su ministerio, pequeña comunidad o en su grupo eclesiástico. Piedrecita, enfatiza la necesidad de la humildad y al mismo tiempo la ausencia de toda sencillez en los líderes de la iglesia. Un líder o una líder, se pasea muy zoronda y soberbia en todas sus reuniones comunitarias, diocesanas o parroquiales, pues son normalmente los dueños de la iglesia. Pero un líder, mientras le conviene, tiene el poder de levantar a quien sea a lo más alto de la cúspide en su ministerio diocesano, ya sea ministerio de evangelización, ministerio de jóvenes, de catecismo, etc., etc.

Otro de los signos vitales de ser líder, o de ser lobos destructores, es tener cara de ángel y comportamiento de humildad. Un líder o una líder, se destaca dando sermones con palabras de adulación, con las que siempre conquista a su audiencia. La pedagogía empleada en los sermones de estos líderes, es solo con el fin de tratar a los adultos como bebes, pues de esta manera juegan con los adultos y solo les dan lechita evangélica inservible. Así de esta manera, Piedrecita, nos recalca la miseria espiritual y doctrinal de los líderes en la iglesia. Pero hasta es increíble, como los adultos creen y se comen todas estas sandeces. Los líderes normalmente controlan al párroco y meten las narices en todo, tanto en las parroquias como en las Diócesis. Se la pasan casi todos los días metidos en diferentes actividades parroquiales, y a sus hijos y esposos o esposas los mandan al castigo eterno, pero ellos enseñan conducta evangélica.

Piedrecita, quiere mostrar la realidad del liderazgo en la iglesia.
Un líder, sea rico o pobre, por lo general no tiene tiempo ni de cocinar unos huevos a sus hijos, y ni de barrer su casa, pero en la comunidad parroquial, enseñan humildad y una sencillez. En miles de líderes, sus familias e hijos terminan en las calles y en las pandillas, en el divorcio, en el amasiato y en todo tipo de corrupción; pero ellos son unas eminencias beatificas dentro de la iglesia. Un líder hoy en día es el santo de los santos en la iglesia, pues sacrifica a su propia familia por los deberes eclesiales.

Otra de las características de un líder en la Iglesia, es que cuando ellos no concuerdan con alguien de su comunidad, ellos tienen la confianza absoluta de su párroco. El líder tiene la confianza total de su párroco, de manera que cuando ellos reportan alguna anormalidad según sus falsos criterios de santidad y de conocimiento doctrinal o religioso, los párrocos y sacerdotes auxiliares, los apoyan incondicionalmente, y así ellos siempre se salen con la suya.
A los líderes en la iglesia, les encanta violar el segundo y el cuarto mandamiento de la ley de Dios, pues bajo la ley divina, todos estamos obligados a servir a los demás, tanto en las sociedades como en las familias cristianas.

Un párroco, sacerdote auxiliar u obispo, siempre alaba a su líder, lo respalda en todo, aunque esté completamente equivocado. Un líder o una líder, siempre tiene palabras o frases que demuestran que él o ella siempre hacen cosas excepcionales, extraordinarias y que nunca nadie antes había hecho; es decir, un líder siempre se ensalza a sí mismo o a sí misma.

Si usted le pide a una o un líder de jóvenes, su deseo de participar para el grupo, de o en alguna manera especial, y si usted verdaderamente tiene mucha experiencia o talento, como solemos decir; la respuesta que siempre le dará, el líder o la líder, es y será siempre así: no lo sé, pero tengo que consultarlo y ver si queda en el programa. Por lo que normalmente, quedará en pendiente para siempre, pues jamás quedará aceptado en su programa; jamás será usted bien recibido o recibida, ya que usted por su talento o experiencia, los líderes siempre corren el riesgo de quedar mal ante sus discípulos y ante la iglesia misma.

En Piedrecita, tenemos la función de aclarar las realidades internas que existen dentro de la iglesia, pero que en realidad nadie quiere enfrentarlas.
Hablando claro, Piedrecita quiere hacernos recapacitar, que a pesar de que la iglesia ora y ruega a Dios para que envíe más trabajadores a su mies; la iglesia o los lideres, nunca se alegrarán de que Dios envíe más servidores santos y sabios a su mies; pues los planes de Dios no son nunca bien recibidos por las envidias del liderazgo en la iglesia.

Otra de las características de un líder en la Iglesia, es tener la manía de poner en mal a miembros que son fieles a Cristo, miembros que hablan y que siempre dicen la verdad del evangelio. Un líder normalmente no concuerda con el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, sino solo en sus falsas interpretaciones disque evangélicas; el evangelio, es solo el pretexto para estar liderando o manipulando. Los líderes siempre están en convivencia con su párroco, y su párroco, siempre hace lo que no debe de hacer y así de esta manera, el sacerdocio viene a ser la fuente y el cómplice de la corrupción en la Iglesia.

Piedrecita nos hace conscientes, de que los sacerdotes, son quienes se encargan de apoyar y aprobar a los líderes, con todos estos actos de corrupción e impiedad. El poder económico y absoluto de los líderes y sacerdotes en la iglesia, los ha hecho indiscutiblemente más corruptos. Ya Voltaire dijo “el poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente”.

Existen miles de defectos en un líder en la Iglesia, en especial el de ser vanidosos o vanidosas y les gusta ser aplaudidos o aplaudidas, siempre buscan los primeros lugares y reciben todo tipo de honores. Piedrecita, quiere tan solo recalcar las desviaciones que en la iglesia nos están causando verdaderos estragos y cuyos actos están dañando a toda la iglesia en general.

Uno de los defectos que son muy notables en un líder de la Iglesia, es que cada vez que se presenta en su comunidad, siempre lleva una guía otorgada por el párroco, y sus discursos son tan solo lectura de lo que el párroco les enseñó que dijeran. El líder siempre da discursos que proceden del libro que le dieron a los dirigentes y que les indica lo que hay que enseñar según su vasta sabiduría. Sí, porque la única sabiduría que ellos saben es hablar de los eventos, de las maravillas de los dones que Dios les da, rifas y actividades parroquiales. Un líder normalmente se especializa en colectar dinero. Piedrecita, quiere recalcar las malas acciones que están dañando a todo el cuerpo de Cristo.

Cuando un líder, es de muy alto rango, como por ejemplo, encargado de la música o coros en una parroquia, encargado de eventos de evangelización en la diócesis y algunas parroquias, encargado o encargada del catecismo, etc., etc., este líder normalmente recibe paga o salario por estar en ese puesto, que cuyo salario no tiene nada que ver con Cristo y su evangelio.
Este tipo de líder, normalmente cierra las puertas a la participación de los demás coros o evangelizadores disponibles en la diócesis y normalmente no acepta consejos u opiniones de otros miembros de la iglesia, en especial cuando son de menor rango que él o ella.

El líder, normalmente exige como deben ser las cosas según su criterio y según su deseo, pero los demás quedan excluidos, especialmente si son de otra raza, hispanos o latinos. Este tipo de líder, es de hueso colorado y nadie lo o la puede despedir o reprender seriamente por su pobre y miserable servicio a la comunidad cristiana. Esta clase de líderes, normalmente se protegen amagando a una comunidad o pulpito, diciendo que lo que ellos hacen es mandado por la diócesis “y de allá vienen las órdenes”. Piedrecita, quiere recalcar la manera tan ofensiva y despiadada, en que ejercen la autoridad los líderes en la iglesia.

Esta clase de líderes, hasta el sacerdocio, les tiene miedo, pues no se atreven a corregirlos o cambiarlos del lugar equivocado en que están, pues prefieren que la comunidad entera, incluyendo a Cristo mismo, sean todos despedidos de la iglesia.
Piedrecita, desea recalcar la ausencia de libertad de expresión y participación de los laicos en la iglesia y como los líderes destruyen toda posibilidad de participación activa de los laicos.

¿Será en verdad este el evangelio de nuestro Señor Jesucristo?

Piedrecita, nos quiere mostrar, que el defecto más grande en un líder es el de no ver su defecto, y el susto más grande que pudiera pasar un líder en esta vida, es que Cristo mismo se hiciera presente y le castigara por su hipocresía, por su fama, por su arrogancia, por su ignorancia doctrinal o religiosa, por su miserable fe y por su corrupto liderazgo. Pero eso sí, un líder siempre corrige a los demás. Dice nuestro Señor Jesucristo por el evangelio de San Lucas 6, 40 – 42: Todo el que esté bien formado, será como su maestro.

¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decirle a tu propio hermano: Hermano, déjame sacarte la brizna que hay en tu ojo, no viendo el tronco que hay en el tuyo?

Hipócrita, saca primero el tronco de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la basurita que hay en el ojo de tu hermano. En Piedrecita, ministerio de evangelización, queremos marcar la seriedad y los daños incalculables que el liderazgo ha estado minando y desarrollando internamente por décadas dentro de la iglesia.

Jesucristo, llama a los líderes de la Iglesia: hipócritas, pues el liderazgo no es parte de su ministerio o de su doctrina, sino parte de esta sociedad o del mundo. Dice el apóstol Santiago 4, 4. ¡Adúlteros!, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios. Un hecho verídico, es que nuestro Señor Jesucristo, nunca instituyó el liderazgo, por el contrario lo abolió con su cruz, con su ejemplo de vida santa y con su evangelio o enseñanza doctrinal.

El apóstol Santiago, afirma que los líderes en la iglesia, son enemigos de Dios. Piedrecita, nos recuerda que el apóstol Pablo, en todas sus cartas, siempre se refiere a las comunidades cristianas o católicas de su tiempo, como por ejemplo “la comunidad de los corintios”, porque esas comunidades católicas de su tiempo, andaban precisamente en contra de Cristo, tal como sucede hoy en día. Es por eso que en Piedrecita, yo “Jesé Retoño” hago en este mi tiempo contemporáneo, tal como lo fue en un tiempo, para “Pablo” mi hermano y apóstol de Cristo; pues hoy en día la iglesia se ha revelado contra Cristo.

El liderazgo que esperaba el pueblo judío, nunca concordó con las enseñanzas de Cristo y por eso lo crucificaron, por no ser el rey poderoso que ellos esperaban. El liderazgo, que hoy en día promueve la iglesia, fue y es hasta el presente repudiado y condenado por Cristo. El liderazgo ha inducido a la corrupción en la doctrina de la iglesia y en la fe. El liderazgo ha fomentado la disminución a las aspiraciones o vocaciones sacerdotales en todo el mundo y aun muchos de nuestros sacerdotes contemporáneos, carecen de toda sencillez, pero su soberbia, elegancia e hipócrita actitud política ante el mundo y la iglesia, les resalta en contraposición a Cristo, pobre y sencillo.

Sí, Piedrecita, nos concientiza de esta tremenda realidad, pues el liderazgo, ha sido abrazado, acariciado y aplaudido por la iglesia, y con ello, yéndose en contra de Cristo el dueño de la iglesia. Ahora la iglesia llora y se lamenta de la falta de sacerdotes en toda la grey. Pero que no se aparezca un sucio y miserable enviado de Cristo a querer pretender que va a ayudar en la reconstrucción de la comunidad eclesial, porque es inmediatamente rechazado y enajenado por los obispos, sacerdotes y líderes de la iglesia. Piedrecita, es un ejemplo y es una prueba contundente de la realidad del rechazo que da la iglesia a sus miembros y los aniquila enviándolos fuera de la puerta.

He aquí unos ejemplos de liderazgo, estos ejemplos, son tan solo una demostración muy pequeñísima, e insignificante de lo que en realidad está sucediendo hoy en día en la iglesia; nuestra intención aquí en Piedrecita, es la de dar tan solo unos dos o tres ejemplos sencillos o básicos, porque la realidad es extremadamente deplorable y sumamente abominable ante Cristo y ante mi Padre celestial.

Pues la iglesia o clero, tiene la capacidad de reconocer cunado falla un clérigo, sacerdote o cardenal; la iglesia reconoce nuestra humanidad, pero se limpia las manos diciendo que esa es nuestra humanidad, y en nombre de nuestra mentada humanidad pecaminosa, siguen adelante pecando; pues Cristo muestra su misericordia infinita, y así de esta manera, no hay necesidad de cambiar nuestros actos pecaminosos. Bajo esta bandera, no hay necesidad de reprender, corregir y restituir daños a Dios y a la iglesia. ¡Viva el día en que se inventaron las excusas!

Piedrecita, nos recuerda e insiste que, inclusive, la iglesia hoy en día reconoce que todos somos pecadores, y bajo esta bandera siguen adelante sin hacer cambios en sus vidas. La iglesia hoy en día puede apoyar muchas protestas que van contra la vida, pero ningún miembro quiere dar ejemplo o testimonio con sus vidas y ni dar o decir verdades evangélicas. Pues el Señor todopoderoso, nos mandó ser santos, porque él es Santo, (Lev 19, 1-2) Habló Yahveh a Moisés, diciendo: habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed Santos, porque Yo, Yahveh vuestro Dios, soy Santo.

Piedrecita, nos concientiza de las palabras mismas de Cristo. Pues Cristo nuestro señor, nos ha mandado ser perfectos como su padre celestial es perfecto, Mateo 5, 48. Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial. Sin embargo la iglesia, prefiere lavarse las manos, diciendo todo el tiempo, que somos pecadores y esta es nuestra humanidad. El liderazgo o sacerdocio prefieren olvidarse de que, Dios-Cristo nos ha mandado a ser santos y perfectos aquí en la tierra, no allá en el cielo. Piedrecita, nos recuerda que la perfección humana no tiene que ver en nada con la perfección divina. La perfección divina o de Cristo es más que nada en obedecer las leyes de Dios.

La cantidad de casos de corrupción que yo “Jesé” he visto y vivido desde mi juventud, son increíblemente decepcionantes; pero hoy solo expondré unos cuantos casos parroquiales o locales, de lo más reciente que yo y mis hijos hemos vivido y experimentado en estas últimas fechas.

Sin embargo, en nuestros ejemplos aquí en “Piedrecita”, no damos nombres, porque no es nuestra intención dañar a las personas, pero sí enunciar hechos verídicos que surgen a diario en la Iglesia. Nuestro objetivo es enunciar algunos ejemplos verídicos, como prueba de que lo que decimos aquí es verdad, y no existe ninguna falsedad de todo lo que aquí nosotros decimos o enseñamos al mundo.

¡Hoja la que la iglesia cambiara y corrigiera sus actos y maneras de proceder ante Dios y el mundo!

Hace dos años o más aproximadamente, inscribimos a nuestros hijos en el ministerio del coro, y este coro está formado tan solo por niños, en nuestra parroquia. Bien, al cabo de seis meses aproximadamente, le ofrecimos al encargado del coro, la experiencia de piano que tiene uno de nuestros hijos, para ver si pudiera ser útil en el coro, pero el encargado o “don dueño” del ministerio, dijo que no.

Muy bien, siguieron con las guitarras, pero sucedió que cada vez que venían a las prácticas, yo siempre llevaba a mis hijos a tiempo y siempre los esperaba en mi auto, hasta que se terminara la clase. Cada vez las mujeres que llevaban a sus hijos, se juntaban en la cocina del salón parroquial, mientras que sus hijos estaban en la práctica del coro. Ahí platicaban de todo y algunas veces posiblemente reflexionaban en las escrituras, pero otras veces o mejor dicho casi todas las veces, la chismorrería era el pan de cada reunión.

Nunca me saludaban y yo siempre fui un padre extraño en una comunidad de católicos y miembro del coro. Aún recuerdo que nunca fui bien recibido, pues todo el mundo estuvo siempre en guardia, como cuidándose de un ladrón. El encargado del coro, a los meses se le prendió el foco de llamarme por teléfono, para ver si les ayudaba con el mobiliario de sillas y mesas y otras cosas. Así lo estuve haciendo por algún tiempo.

Piedrecita, nos quiere hacer ver, que en la iglesia se tiene el tremendo defecto, de nunca dar la bienvenida a nadie y ni de ser amables o amistosos con los nuevos miembros. Piedrecita, es testigo ocular de que aun los miembros en muchas comunidades, se ven como extraños y tan solo con fines de conveniencia personal, creando desprecio, favoritismo y división.

De repente el líder del coro, se molestó conmigo, porque no le gustaba que yo no hiciera todo el trabajo de acomodar sillas y utensilios. La verdad es que eran muchos niños y muchas mamas y papas, que solo se la pasaban de puro arguende y a este señor se le prendió la cantinela de que yo tenía que hacer todo y se molestaba si no estaba yo ahí presente.

Él decía que los niños estaban muy cansados y que era justo que los padres ayudaran, pero el asunto era que los padres no iban nunca a las prácticas, yo me sentía completamente un extraño, talvez por ser un miembro nuevo, y además, las mujeres que iban, se la pasaban en el arguende y prácticamente, este señor quería que yo el único padre presente, hiciera todo para todos. La verdad es que los niños nunca se cansaban y siempre estaban listos para jugar y tomar los dulces que les teníamos en el mostrador. Piedrecita, es testigo de que en las comunidades, las mujeres, son personas que desconfían de cualquiera, hasta de Cristo mismo. Las mujeres cargan con el machismo y la soberbia de ser mujeres vanidosas, y reflejan el ser mujeres dedicadas a sus maridos, pero su soberbia, no les permite saludar y ni tenderle la mano a un Cristiano, miembro de los hijos de Dios.

Aún recuerdo, que a este líder, yo tuve que llamarle la atención, por semejante barbaridad que estaba cometiendo conmigo, pues le hice de su conocimiento, que yo estaba siempre en la mejor disposición de seguir ayudando, pero no bajo estas incoherencias y abusos de su parte. Y él me dijo, que los demás padres no venían, así que le recomendé que llamara a los padres y todos juntos colaboráramos en la tarea. Pues el problema en todas las comunidades parroquiales, es que los padres brillan por su ausencia, y si están presentes, es porque están de encimosos.

Piedrecita, desea que Cristo sea una bendición y se aprecien los miembros de la iglesia, como Cristo nos enseñó él mismo en persona, diciendo o mandándonos: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Piedrecita desearía tanto que los católicos pudiéramos acatar el mandamiento de Cristo, pero talvez, esto seguirá siendo una visión del futuro.

Los padres, prácticamente dejan a sus hijos y hay que se las averigüen. Poco después, este encargado del coro, se atrevió a llamarme nuevamente por teléfono, para reprenderme por no haber estado todo el tiempo que él quería para que le ayudara en todo. El asunto es que le tuve que reprender su irresponsabilidad por no llamar a todos los padres de familia y hacerlos consientes de la responsabilidad del ministerio del coro y de sus necesidades básicas. Le hice de su conocimiento su poco entendimiento de discípulo de Cristo y de su abuso hacia mí, porque prácticamente me quería como su esclavo.

En piedrecita, queremos resaltar la necesidad de servir en la iglesia, por amor a Cristo, pero no como esclavos.

Cuando mis hijos se presentaban a Misa, para participar en el coro, una señora que él nunca me presentó, molestaba a mis hijos quitándolos de su lugar donde estaban tocando, y tuve que acercarme para reprenderla por su mala acción. Resulta que esta señora, era alguien de confianza del encargado del coro y nunca nos avisó y ni nos dijo quién era. Y hasta la fecha nunca supe quién era la dichosa señora. Así que él vino a reprenderme, y yo tuve que llamarle la atención nuevamente por semejante abuso hacia mis hijos y hacia mi persona; por no hacerme saber quién era esa persona extraña.

En Piedrecita, queremos recalcar que en la iglesia católica, nadie nos presenta a nadie, solo llegan personas, hacen y deshacen y nunca nadie nos dijo quiénes eran; las malas costumbres y la falta de amor hacia los demás, son factores predominantes en nuestros círculos eclesiales.

Antes de Misa, el líder del coro me levantó la voz para darme ciertas instrucciones, y tuve yo que hablarle públicamente para que entendiera de su abuso de autoridad. Por supuesto que este líder, tuvo que avisar al párroco lo que a él le convino y el párroco como siempre cree y apoya a sus líderes, en las buenas y en las malas. Pero sobre todo porque este líder ya tiene muchos años sentado en su ministerio o trono; era o es, un líder ya viejo y muy valorado o apreciado por el párroco.

Ahí tienen ustedes que cuando yo he querido comunicarme con el párroco, ni me contesta el teléfono y ni me llama. Todo por la sucia recomendación de un líder corrupto y por el apoyo de un párroco corrupto y cómplice de líderes llenos de malas intenciones. Este líder del coro, se veía a leguas que no conoce nada de la doctrina de la Iglesia, pero de su música y de su abuso de autoridad, todo bien que lo hacía en abuso sobremanera.

Ni que decir, tuvimos que abandonar el coro y ser repudiados por los padres de familia y el párroco. Felicidades a la Iglesia, con su liderazgo y el desprecio que les da a los fieles en Cristo.
Es por eso que aquí en piedrecita, queremos aclarar el poco remordimiento de conciencia que les da a los líderes y sacerdotes, cuando ellos desechan a quien sea de la iglesia.

He aquí un ejemplo más:

El sábado 04/12/14, fueron las confirmaciones a las 10:30 AM en nuestra Parroquia y era un día grande e importante. Mis hijos y mi esposa pertenecían a un coro nuevo en otra parroquia, iban todos muy bien vestidos para la ocasión, y sucedió lo que jamás debió haber sucedido, el abuso del liderazgo salió a flote y golpeó a mi familia entera.

Las dos mujeres encargadas del catecismo, no queriendo sentarse en otro lugar, vinieron y se sentaron en el lugar del coro. Las dos catequistas encargadas de catecúmenos para la confirmación, quitaron los anuncios de reservado y listones que marcaban la división exclusiva para el coro. Es costumbre que la gente hispana, no respeta nada y todo el tiempo nos han hecho esto.

Sucedió que esta vez, vinieron estas dos mujeres líderes catequistas, que se sentaron en la banca que siempre se reserva para el coro, y quitaron todo para sentarse como reinas y señoras, y sin que les importara el coro en la Misa. Mis hijos les fueron avisar que los lugares estaban apartados o reservados para el coro solamente, dos veces les avisaron y a mi hijo el mayor, le amenazaron diciendo que el párroco estaba mirando y que ellas eran las encargadas.

Ante semejante amenaza de parte de líderes catequistas tan soberbias, mis hijos tuvieron que decirle al encargado del coro, para que él resolviera dicha situación, ya que esta vez la cosa llegó al colmo.

Pero el líder o encargado del coro, no quiso ni escuchar a sus cinco miembros y mis hijos al saber que el encargado apoyaba a las catequistas, ellos decidieron abandonar el lugar o bien salirse de la Misa; pues ya estaban cansados de que casi en cada Misa los atropellaban de la misma manera. Los insultos eran prácticamente en cada Misa. Mis hijos y mi esposa, respondieron que se iban y el encargado del coro se quedó solo; porque mis hijos eran todo el coro. El líder del coro, les dijo que no los quería volver a ver más en el coro. Mis hijos recogieron sus guitarras, sus violines y se marcharon.

Hoy, aquí en Piedrecita, recalcamos la ausencia de misericordia y humildad de los líderes hacia los demás miembros de la iglesia, pues en la iglesia, lo que importa es el liderazgo.

El párroco, bajó del altar y vino a averiguar lo sucedido y se lamentó de dicho acontecimiento, pero cuando preguntó por qué había sucedido eso, el encargado o líder del coro le contestó al párroco de la siguiente manera: que se habían ido por asuntos familiares. El líder levantó un falso testimonio, dejando a las mujeres catequistas, libres de culpa y dejando en el párroco una nota de mal comportamiento de parte de mis hijos, marcándolos como revoltosos y sin posibilidad de mantenerse activos en la Iglesia. ¡Tremendo abuso del poder de los líderes en la iglesia, son verdaderamente unos vasallos!

Piedrecita, nos recuerda que la avaricia y la soberbia personal, son atuendos que adornan a los líderes en la iglesia.

Después, yo tuve que venir con el párroco y aclarar el falso testimonio del líder del coro y de las catequistas. Cuando vine a la cita con mi párroco, inmediatamente me di cuenta de que estaba en guardia y esperaba la oportunidad de mencionar la agrecibidad de mis hijos y lo mal educados que estaban. Yo tuve que aclarar las razones de dicha actitud y la corrupción del líder del coro, por lo que esto había sido solo una explosión de coraje por su irresponsabilidad y porque mis hijos y mi esposa siempre son cumplidos en sus deberes en el coro, ante Dios y ante la Iglesia.

Nuestro párroco, quedó inmediatamente convencido de dicho falso testimonio y corrigió el problema a medias, permitiéndonos seguir en otra misa semanal, los viernes por las tardes. Sí, porque en las misas dominicales no nos quieren ver ni en pintura y ni en ninguna otra parroquia. No solamente en ninguna otra parroquia, pero más bien ni la diócesis quiere nada con nosotros. Los líderes, encargados de eventos parroquiales, ni nos consultan y ni somos necesarios en la iglesia. Pero eso sí, el párroco, no corrigió a las catequistas y al encargado del coro, y consecuentemente todos los líderes, se salieron con la suya.

He aquí la unidad de la iglesia, ¡qué maravilla!, los líderes todos unidos, están listos para echar fuera de la iglesia a todo aquel que les place arruinarlo. Los líderes, están muertos en la fe, en la justicia, en la misericordia y el amor a Dios, por lo que no les importa ni siquiera correr al mismo Cristo. Pues el mismo Cristo dijo: el que reciba a un niño o pequeño como este en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado (Marcos 9, 37).

Mateo 18, 5-11: Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar.

Pero ellos, los líderes hacen exactamente lo contrario, prefieren despreciar a Dios por sus pecados capitales de envidias, soberbias y honores humanos. En esta fotografía, Piedrecita quiere enseñarnos, que aun los sacerdotes, viendo el error, prefieren cubrirlo, en lugar de corregirlo.

Pero, el párroco, al menos concedió que mis hijos y mi esposa formaran un nuevo coro parroquial, que hasta el presente se lo tengo muy agradecido en el nombre de mi familia y en el nombre de Cristo por su buena acción, a pesar de todo. Sin embargo, desde entonces, la iglesia no nos quiere ni ver, y ni ocuparnos en ninguna Misa Dominical; y las excusas no dejan de existir. Es un milagro que todavía no nos han corrido de esa misa del viernes por la tarde, aunque ganas siempre las han tenido, pues la falta de respeto hacia nosotros, como miembros fieles a Cristo, a la iglesia ni siquiera le importa.

He aquí como es posible que líderes corruptos, como las catequistas coordinadoras y el encargado del coro, pueden mentir con facilidad, tienen el poder de burlarse de quien sea, y tienen el poder de meter el desaliento en quien sea. Ellos los líderes, tienen el poder de mandar y de despedir a quien sea, y aparte de eso poner al párroco y sacerdotes en enemistad contra fieles inocentes.

El liderazgo en la Iglesia y el apoyo del sacerdocio a sus líderes corruptos, son la fuente que empuja a los católicos a abandonar el catolicismo. Mientras haya más familias desilusionadas del catolicismo, menos posibilidades habrá para que haya vocaciones sacerdotales. Vea usted, estimado admirador y lector, sino es verdad que estas cosas ocurren a diario en la Iglesia. Vea usted, si estos hechos no son la causa de que los católicos deserten de la Iglesia y terminen siendo unos herejes o cismáticos.

Piedrecita, quisiera que todos en la iglesia tuviéramos conciencia de nuestros males y no permitir que estos abusos se sigan repitiendo. Piedrecita, nos concientiza de que inclusive hay muchos líderes que ni siquiera deberían estar en dichos ministerios, y que deben obligatoriamente ser removidos de sus cargos, por sus pobres y miserables miserias espirituales.

Si algún laico que deseara servir en la iglesia, tanto de catequista, evangelizador, o si alguien se presenta, como un coro y dichas personas desean ayudar en la iglesia, cantando y alabando a Dios, la respuesta típica de los líderes encargados en cualquier parroquia, es “ya estamos completos”.

Ya estamos completos, respuesta muy popular en el mundo del liderazgo.

Según los líderes, ya están ellos completos, ya no hay espacio para nadie más; pero la iglesia se está acabando, se esta desmoronando, se está muriendo y desgarrando internamente, la iglesia se está pudriendo y extinguiendo por la falta de verdaderos Cristos y verdaderos evangelizadores. El comunismo o socialismo eclesial del liderazgo otorgado a los seglares está esparciéndose con tremenda furia y echando a Cristo por la ventana.

Estas palabras, son típicas de hienas enfurecidas, que tan solo desean seguir haciendo lo que a ellos les place hacer por años, sin importar seguir dañando a la iglesia y seguir corrompiéndola. Así, de esta manera, los laicos más corrompidos y más ignorantes y más viejos, siguen ocupando los lugares en la iglesia y no permitiendo que se abran las puertas a otros, para que aquellos que son enviados por el Altísimo, puedan ofrecer aliento y nuevos brillos a la iglesia. La diosa señoría, es la diosa que controla a la iglesia de hoy en día.

Piedrecita, más bien quiere hacernos entender que el apostolado de los seglares, debe de transmitirse, de heredarse, de ofrecerse, mas no se debe de ser dueños de un ministerio; y egoístamente cerrarle las puertas a Cristo y a los demás.

Los laicos más viejos e ignorantes en religión, han cerrado las puertas de la iglesia a quien sea y la iglesia no se renueva, sino que se está pudriendo, con sacerdotes y laicos líderes o coordinadores necios a seguir con sus falsedades. No hay nadie que pueda decirle a un líder que no sirve para nada, que se mueva y que dé pie para que otros mejor preparados, más fieles a Cristo en doctrina y sencillez, puedan participar y mejorar a la iglesia. Un líder o una líder catequista, instructor de sacramentos, de apologética, de biblia, de jóvenes, comunidades eclesiales, matrimoniales, de lectores, de ministros de comunión, de coros, etc., se sienta para siempre en su hueso, y lo defiende a capa y espada.

En muchos líderes, como en el caso de los jóvenes, llegan a ser líderes, tan solo porque son niñas jovencitas curiosas, las más exóticas y de sonrisas carismáticas. En el caso de los jóvenes varones, es porque son los más aduladores, los más famosos e hipócritas entre la juventud; pero la ausencia de Cristo se refleja en sus actitudes y en su pobre y miserable entrega a Cristo.

Un coro por ejemplo, controla una misa de sábado o domingo por siempre, quiero decir por muchos años, más de veinte o treinta años o más, y siempre son los mismos, aunque ya estemos todos en misa completamente asqueados y enfadados del mismo coro con su mismo sonsonete. Los canticos todos, parecen ser que es el mismo canto pero con diferentes palabras, porque no le pueden cambiar el ritmo musical, ni siquiera una nota.

Hay coros que por su importancia, por su influencia o por el hueso que tienen en la iglesia, tocan en muchas misas dominicales, pero no dejan que otros coros participen. Muchos coros ni siquiera saben cantar o tocar y ni saben leer música, por no decir que la mayoría, porque en efecto esta es la verdadera, triste y lamentable realidad. Pues la mayoría de los coros en la iglesia, en especial sus lideres, son verdaderamente un asco.

Piedrecita, nos quiere hacer conscientes de que la mayoría de los ministerios en la iglesia, son más bien un deporte y un medio para que los encargados o lideres de los ministerios, luzcan sus vanidades y habilidades personales. El ministerio, lo usan para manejar y liderara a otros solamente.

En las parroquias, siempre abundan los coros y siempre hay coros de más, pero el problema es que el 90% de los coros, no saben de música, pero solo lo básico y solo de oído, pues nadie quiere estudiar música. Para serles honesto, estos coros, cantan como mi vecina, con todos sus aullidos y discordes bucales, que hasta la puedo oír perfectamente en mi propia casa. Para serles todavía más honesto, es el colmo, pero ahora, pensándolo bien, creo que hasta mi vecina canta mejor que estos coros en misa.
Estos coros son los dueños de la iglesia y de la señoría, y son quienes no quieren que otros participen, en especial si los que quieren participar están educados en la música sagrada y en la doctrina.

Hay parroquias que circulan o rotan los coros en todas las misas dominicales, pero el problema sigue siendo el mismo; pues no dejan que nadie más pueda participar en la rotación, pues ellos todos juntos con su párroco son dueños absolutos de la iglesia, y Cristo que se valla a la calle. Piedrecita, reflexiona y nos muestra que prácticamente la iglesia, simplemente hace invitaciones a formar parte de la iglesia, pero sin dejar de ser una iglesia egoísta, avara y ensoberbecida.

Hay coros que ni siquiera se mantienen en el canon o regla litúrgica de la iglesia, porque la iglesia los deja cantar canticos con música estilo profano. Muchos coros, tocan música con estilo cumbia o a veces con estilo ranchero, norteño o de banda, mariachi, estilo trio o de “Jilguerillas”, estilo “Rock”, a veces parecen un desfile tocando con tamborazos por la calle, que hasta se asusta uno del tremendo temblor y escándalo de los estruendosos tambores, pero nadie puede quitarles su puesto.

Piedrecita, quiere hacernos entender que, muchos coros, solo tocan su música, tan solo para que la gente los oiga y los contrate para las fiestas paganas a las que ellos se dedican, sí porque en realidad no son coros; sino que tocan solo para la misa, con interés o fines de propaganda, pero ni son católicos y ni aman a Cristo y mucho menos se acercan a comulgar, precisamente por la vida de pecado que llevan. La música que tocan en misa estos grupos, es solo música de la iglesia con todo el ruido y zumbido de la música pagana, indicando claramente que ni siquiera son cristianos o católicos. Pero eso sí, un coro que sea verdaderamente católico, educado en la música sagrada, ferviente en la religión y doctrina de Cristo, ese si que es todo el tiempo rechazado y expulsado de la iglesia.

Pero eso sí, estos coros profanos, son apoyados fuertemente por la iglesia y los párrocos.
En la gran mayoría de estas misas, no se puede uno ni concentrar en la oración y la reflexión espiritual, debido a estos coros profanos y escandalosos. Evidentemente, Piedrecita ve aquí que el “hueso” es una constante dentro de la iglesia, así como lo es en la política u organizaciones humanas.

Hay coros que tocan casi en todas las misas dominicales, y siempre son los mismos, porque los señores, no quieren que otros coros participen y además no quieren que el público de crédito a quienes cantan y tocan apropiadamente al Señor. La mayoría de las o los encargados de los coros en las parroquias, normalmente, son personas muertas a la gracia de Dios, y su orgullo y soberbia se destaca en sus personas.

Hay coros que tienen líderes o mujeres cantantes que solo usan su influencia o liderazgo, para mostrar sus vanidades, vestuarios exóticos y algunas mujeres especialmente solo usan el puesto para lucir sus cuerpos y modas exóticas. Violando el primero, quinto y octavo mandamientos de la ley de Dios. Piedrecita, no exagera la nota, pero si hasta el público y los sacerdotes lo ven y lo saben; pero siempre callan, violando el octavo mandamiento de la ley de Dios, y con ello se convierten en cómplices de estas escandalosas mujerzuelas. Estas mujeres exóticas cantan ante el pulpito, y se gozan levantando la mano para que el público cante con ellas. A leguas se puede apreciar la soberbia y la vanidad en estas personas; con toda claridad se nota la ausencia de sencillez en ellas, pues nadie ve o nadie quiere ver sus vanidades, pero solamente el que se tapa los ojos, y así ellas logran su premio vanidoso, el de lucirse ante los demás.

Aquí, piedrecita, nos enseña que en estos coros o ministerios parroquiales, se da mucho la vanidad y hay coristas, en especial mujeres, que usan estos ministerios o medios, más bien para lucir sus modas, vanidades y actitudes llenas de soberbia. La humildad y la sencillez evangélica, están ausentes en casi todos los ministerios eclesiales.

Hay montones de coros que están formados por personas que ni siquiera son católicas, pero son protestantes, y no dejan que los mismos católicos toquen en sus propias misas. Sin contar que son pagados por sus servicios, pues sus servicios no son gratis, pues tienen su precio por servir a Cristo.
Por supuesto que hay otros coros integrados por miembros protestantes, que tocan gratis, pero tienen controlada toda la parroquia, para que nadie más pueda participar en la iglesia. Es que cuando tocan estos coros, “el espíritu santo”, hace incendios y hay quemazones gigantes de grande fe y el hueso que tienen es sumamente grande en la iglesia. Prácticamente, tenemos que correr y huir de la iglesia, para no llegar a ser chamuscados por estos espantosos incendios. Los coros en misas de habla inglés, todos reciben su salario por sus servicios y los coros de habla en español, no solo no se les paga, pero se les desprecia, y se les trata como quien no vale nada.

Los sacerdotes, piensan que todo lo que brilla en la iglesia, es cien por ciento católico; y no se dan cuenta del protestantismo que está metido en sus propias narices. Pero si hasta ellos mismos tortean o aplauden descontroladamente, al igual que los protestantes o sectas mosaicas. Sectas, que buscan y claman a Dios por los aires, a ejemplo del pueblo israelita, porque Cristo no está en su iglesia.

Un líder catequista o instructor de sacramentos, o evangelizador, que ni siquiera tiene capacidad de enseñar, pero puros errores en religión solamente, ni quien lo pueda quitar, pues es el dueño de la parroquia. La señoría y el poder del liderazgo, echan fuera de la Iglesia a quien sea, aun al mismo Cristo, convirtiéndose la Iglesia en guías ciegos, que cuelan el mosco y se tragan el camello.
Piedrecita, quiere decirnos, que la señoría de los lideres, es más importante que todo para los lideres, y no les importa despedir o desanimar a quien sea, para que nadie les estorbe en sus proyectos egoístas.

Es un hecho, que los líderes en la iglesia, en verdad son líderes y son dictadores, porque llegan para quedarse eternamente y ni enseñan el evangelio, y ni dejan que otros puedan llegar a Cristo. Se recomiendan a sí mismos, (ejemplo: “como dijo el padre” o “como dijo la catequista”, o “como acaba de decir el hermano”, etc., etc.,). No son autónomos y todos se apoyan en los mismos errores evangélicos; se adulan unos con otros y ellos creen que todo lo que ellos saben y hacen son una gracia y bendición de Dios; pero no se dan cuenta de su miseria. El sacerdocio y los líderes, han cerrado las puertas a Cristo y a la salvación de Dios.

Para que un líder en la Iglesia, pueda llegar a comprender la misericordia que Dios tiene con sus hijos, es un hecho bien claro que ya dejó bien establecido Cristo, cuando dijo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos. Jesús ha marcado lo imposible que es dejar nuestras riquezas, nuestros vicios, nuestra soberbia, nuestras ambiciones, nuestros liderazgos, nuestras vanidades, nuestros placeres y nuestros dioses.

Pero si alguno viene a donde mí, dice el Señor, y no odia a su padre, a su madre, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. (Lucas 14, 25-27). El aborrecer los placeres, la fama, el poder, el liderazgo, la soberbia, las vanidades, las comodidades, los honores y las riquezas, son el distintivo de los hijos de Dios.
Mateo 7, 21-23. Nuestro Señor Jesucristo bien dijo: “Muchos me dirán aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces “Yo” les declararé ¡Jamás los conocí; apártense de mí, agentes de iniquidad!

Piedrecita, quiere concientizar a los líderes y sacerdotes, con estas palabras de Cristo, esperando que quizás un día suceda un cambio en la Iglesia de Cristo. ¡Sí, un cambio que quizás nunca llegará!

Cualquiera que se posesione, ya sea obispo, sacerdote, presbítero, diacono, seminarista, evangelizador, catequista o líder, y no permita que otros entren a participar y renovar a la iglesia, dice nuestro Señor Jesucristo con toda claridad, que ese o esos tales, no pueden ser mis discípulos, y apártense de mí, agentes de iniquidad. Por esta misma razón, Cristo les advierte a esos líderes o falsos funcionarios de su reino, como en el tiempo de Cristo: (Lucas 19, 26-27) “Yo les digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Pero aquellos amigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.”

La tarea de enderezar lo torcido, es siempre el trabajo que debería estar haciendo la Iglesia, en especial el deber de corregirse a sí mismos. Es la Iglesia, el sacerdocio, seminaristas, diaconos y sus líderes, quienes deben de dar ejemplo de sencillez y humildad, según lo enseñado por el ejemplo y virtud celestial departe de Cristo, nuestro Señor. Cualquiera que forme líderes en la iglesia, es enemigo letal de Dios. Cristo es el ejemplo vivo de nuestra salvación y es a Él y sus mandatos, los que la iglesia, el sacerdocio y seglares en general, deben estar obedeciendo e imitando con toda rectitud. Yo – Jesé Retoño, les vuelvo a recordar a todos los líderes y sacerdotes de la iglesia y del mundo, que la necedad es madre de la ceguera, pues los que dicen que ven son siempre los ciegos.

La gracia y la paz de Cristo sea con todos.
El Señor Dios todopoderoso, quiere conversión absoluta en toda su Iglesia.
Jesé Retoño—Mi Mensajero.
Editorial Piedrecita

 

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