Los Niños Pueden Gritar Dice el Diacono

 
Los Ninos Pueden Gritar Dice el Diacono - Editorial Piedrecita

EL sábado 10/05/13 en la Misa de las 7:00pm, al final de dicha Misa, se hizo la presentación de rutina de cada primer fin del mes y en este día vinieron al frente todas las parejas con sus pequeñuelos para presentarlos ante el altar.

El Diacono, quien suplió al sacerdote en la homilía, también se puso a bendecir a los niños en esta ocasión y estando en esto, dijo un barbarismo que suelen cometer los sacerdotes y por supuesto que todo lo que ellos digan, es lo correcto.

Se le ocurrió decir que a él no le molestan los GRITOS de los niños, pero que los ruidos de los adultos, esos sí. Tremendo mensaje que le dio a la audiencia. Es decir, que si bien usted lo puede notar, dijo con toda claridad que como nuestro Señor Jesucristo ama a los niños, él también los ama y por lo tanto, al decir esto a un publico sin preparación e ignorante de su religión, les dijo rotundamente y sin rodeos, que los niños pueden GRITAR siempre. Ahora sí, como siempre en cada fin de semana y en cada misa, los gritos de los niños son la especialidad de la casa. Como suele decir mi mamá, ¡que siga el entierro!

Seguro que usted ya sabe que en las Misas siempre se oyen los lloridos y gritos molestosisimos de la gran cantidad de niños que llevan los adultos y que no permiten poder escuchar los sermones, pues todo lo que escuchamos, son los sermones de los escandalosos gritos de los niños, los celulares de los adultos católicos mediocres y sacerdotes que cada vez gritan mas porque no hay orden en las Misas.

En Piedrecita, hacemos referencia a la poca y miserable atención de los católicos a su propia salvación, cuando bien que beneficiaría dejar a los niños con alguien responsable en casa y así poder ellos asistir a misa y enfocarse ellos mismos en la salvación de sus propias almas, pero esto nunca sucederá porque para los católicos y los sacerdotes, esto no es de ninguna importancia.

Mejor hay que venir a estas misas donde se suelen presentar a los niños. Estas misas en las que se celebran estas costumbres judaicas que están caducadas o descontinuadas por el nuevo testamento. Son tradiciones mosaicas o del antiguo testamento, pero que son muy buenos pretextos o engaños de la iglesia, para pedir limosnas a las multitudes que ignoran o desconocen su propia religión católica.

Aquí, Piedrecita hace nota, pues la iglesia se aprovecha de la ignorancia de los católicos o borregas, para quitarles la lana o el diezmo. (No queremos decir que no es necesario ayudar económicamente a la iglesia, esto es un tema a tratar más adelante). Por otro lado Piedrecita, nos concientiza de que hay inclusive infinidad de católicos, madres y padres, que se dan vientos de grandeza, porque sus hijos siendo muy pequeños, según ellos, son los más calladitos y los mejor disciplinados entre todos los demás; cuando en realidad son un verdadero grito y espanto comunitario. Pero eso sí, pecan enorgulleciéndose de sus pobres y miserables grandezas de soberbia, y por sus conductas desfavorables ante Cristo.

Dice nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de Mateo: 19, 13-15. Le presentaron unos niños para que les impusiera las manos y les orara; pero los discípulos les discutían a las gentes. Entonces Jesús les dijo: dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como estos niños, de ellos es el Reino de los Cielos.

Como siempre, las gentes o multitudes son muy tercas, testarudas e indisciplinadas; siempre quieren imponer las malas costumbres, y quieren abalanzarse en todo, por lo que los apóstoles trataban de impedir los abusos y atropellos de las gentes.

Jesucristo aprovecha esta oportunidad, para enseñar a los adultos la necesidad de ser como niños para poder merecer el Reino Celestial. (Nota: Pero, Jesucristo no reprende a sus discípulos, pues sus discípulos no están obrando mal.) Es decir que los niños confían plenamente en sus padres y no están en guardia de nadie y ni de nada. Los niños son felices en las manos de sus padres o tutores. Es decir que, los adultos no confían en Dios ni un céntimo.

Nuevamente, si recordamos al salmista, Salmo 78, 1-2 (poema de Asaf): Escucha mi ley, pueblo mío, tiende tu oído a las palabras de mi boca; voy a abrir mi boca en parábolas, a evocar los misterios del pasado.

Jesús siempre se expresa con “parábolas” y aun en pleno siglo XXI, nuestros sacerdotes, siguen interpretando las escrituras literalmente, y la verdadera enseñaza que dio Cristo, la echan al cesto de la basura. Cierto que Cristo ama a los niños, pero Él no está preocupado por los niños, sino por los adultos que no confían en Él y ni en su Padre Celestial. Son los adultos quienes deberían ser como los niños, según las palabras del propio Cristo y los sacerdotes son quienes deberían de ser como Cristo, quien confía plenamente en su padre celestial.

Jesucristo es muy concreto, pues pone a los niños como ejemplo, para que los adultos abran los ojos, ya que los miopes o ciegos, son los adultos y los sacerdotes. En realidad, el mensaje aquí es tan solo para los adultos y sacerdotes, pero la iglesia o clero hace de este simple relato un tremendo escándalo que favorece más bien a los niños y sus escandalosos chillidos, y también a los adultos para que sigan con sus desordenes. El clero, entonces destruye o corrompe el evangelio de Cristo.

Entonces es por eso que Cristo les dice a los adultos que el Reino de los cielos es para los que son como estos niños. Pero Jesús jamás fomentó el escándalo y gritos de los niños en los sermones u homilías durante su celebración eucarística entre sus discípulos. Y aun sus propios discípulos tampoco, pues son ellos los discípulos los que no querían el escándalo de los niños, más sin embargo, esto es cosa que el clero no ha podido jamás entender. Lo único que el sacerdocio entiende, es como complacer a las masas corruptas, para luego animarlas a dar la colecta y así de esta manera desobedecer a Cristo.

Piedrecita, concientiza a los instructores y evangelizadores en la iglesia, pues la falsa interpretación de las escrituras es común en casi todos los obispos, sacerdotes, presbíteros, y evangelizadores de la iglesia. Piedrecita, pone en relieve que es más bien la autoridad del sacerdocio, la que se impone por el poder adquisitivo y económico adquirido de la iglesia, mas mucho más que la sencillez y el evangelio de Cristo. Pues la sencillez se encuentra escaza o ausente en el sacerdocio mismo.

Así que nuestros obispos, sacerdotes y diáconos, se dedican a tener los templos y parroquias llenas de niños muy pequeños y llorones, en lugar de recomendarles a los adultos que los niños demasiado pequeños deben de dejarlos con alguien responsable, mientras los papas, adolescentes y jóvenes atienden Misa; pero las Misas valen un soberano cacahuate, porque los niños según ellos son la prioridad y ahí tenemos familias enteras trayendo niños o bebes de a montón para llenar las Misas del fin de semana.

Consecuentemente, ahí tenemos obispos, sacerdotes, presbíteros, diáconos y familias enteras, haciendo todo lo contrario de lo que Cristo ha mandado, pues ahora son todos juntos unas niñeras en misa. Pero eso no es todo, sino que hasta los medios de comunicación y evangelización radio parlante, revistas cristianas, etc., etc., repiten como pericos o discos rallados, dejad que los niños vengan hacia mí.

Pero lo más sorprendente del hecho, es que nuestros sacerdotes tan ignorantes en lo más elemental de las escrituras, esto lo aplauden, aunque en realidad no se pueda dar ni un solo sermón durante las homilías.

Por ejemplo, si analizamos uno de los sermones de San Antonio de Padua, se verá como las multitudes ante el gran orador, se mantenían firmes y en completo silencio, tan solo para poder escuchar las palabras que salían de la boca del santo. Pero nuestros sacerdotes, en sus sermones, todo lo que se oye, son los escándalos y gritos de los chiquillos, causando semejante desorden, y ellos—los sacerdotes, aun se atreven a llamarlos al frente del altar, porque los niños y el desorden son la adoración de los sacerdotes. Ahí tienen pues sacerdotes, que llenan los altares con pila de niños desordenados, durante las celebraciones eucarísticas del día del Señor.

En Piedrecita queremos subrayar que la iglesia, es ahora montones de niños llorando y padres de familia con sacerdotes hechos unas niñeras. Si usted cree que yo Jesé Retoño, exagero la nota, entonces les recomiendo darse una vueltecita a cualquier misa dominical y así lo podrán comprobar.

No niego que no sea bueno que se les honre a los niños en las misas, pero los escándalos exagerados y la falsa interpretación de las escrituras, sí son un verdadero mal y echan a perder a las sociedades, cambiando el evangelio de Cristo, por sus costumbres corrompidas.

Una familia cualquiera, se puede endeudar o hasta vender el alma al diablo y traer un automóvil de último modelo, pero increíblemente no tiene ni un centavo para pagar a una persona por el cuidado de sus pequeños que no deberían estar tan pequeños y llorones en Misa. Ahora que si los padres no pueden estar en Misa sin los niños, ellos con sus hijos deberían de quedarse de “niñeras o baby sitters” a cuidar bebes en sus casas, en vez de ser una molestia y un obstáculo para la conversión de otros.

Es obvio que quienes llevan a sus bebes o niños a Misa, no les importa ni su propia salvación, y mucho menos la conversión y la salvación de otros.

Piedrecita, quiere más bien recalcar que la educación religiosa para menores de cinco o seis años o menos, no está en la celebración eucarística del domingo, sino en el hogar. Pues un pequeño no entiende nada de lo que está pasando en misa, pero más bien está inquieto, juguetón o lloroso. Los padres de familia se vuelven más tercos y testarudos con sus propios hijos; y con ello arruinando la salvación de los demás y dando pruebas de que ni a ellos mismos les importa su propia salvación.

¡Felicidades a la iglesia, pues es una verdadera maestra educadora de niños, y Cristo y su evangelio son un tremendo obstáculo para los intereses del clero!

Los padres que irresponsablemente llevan a sus hijos muy pequeños a Misa, se comportan como hipócritas Fariseos, que ni ellos entran y ni dejan que otros entren al verdadero conocimiento de Dios. Cuando un Diácono o Sacerdote dice una atrocidad como esta, la que mencionó el Diacono en esta ocasión, son verdaderas inconciencias y verdaderas sandeces e ignorancia doctrinal de nuestros sacerdotes y diáconos.

Hoy, Piedrecita, nos refiere a las propias palabras de Jesucristo, pues él es muy consciente de que los niños son el futuro y el alma de la iglesia venidera, pero también es menester que entendamos la necesidad de cuidarlos en nuestros hogares, hasta que cumplan la edad necesaria para poder tener orden, control y respeto en el templo, ante la celebración sacrosanta de la Eucaristía.

Por eso Cristo dice, (Mateo 21, 13-16) está escrito (Isaías 56,7). Porque mi casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos. ¡No casa de escándalos! ¡No casa de gritos y chillidos!

En mis comentarios aquí en Piedrecita, seguramente, ustedes ya habrán notado ciertos mensajes que no son comunes en los evangelizadores y sacerdotes en la iglesia y ni en el mundo. Y este nuevo mensaje que viene en este mismo artículo, también es la respuesta completamente diferente a la de los evangelizadores y sacerdotes en la iglesia; pero dicho mensaje es auténtico y proviene de mi único maestro divino: ¡Cristo, mi hermano el único Dios verdadero!

Para saber, si yo o cualquier otro evangelizador está enseñando la doctrina correctamente, el secreto es que lo que se enseña debe de ir de acuerdo a la razón, no debe de contradecirse, y no debe de ir en contra de Cristo, de lo contrario es falso. Si un evangelizador da mucha polémica, se contradice o usa su conocimiento religioso o autoridad eclesial para decir o afirmar algo que Cristo nunca dijo, pero solo causa confusión, es que dicho evangelizador es un anticristo.

Todo lo que yo enseño aquí, es netamente apologética y tiene como base la razón, para comprobar que lo que se dice es verdadero. Todo mi estudio, se lo debo a mis grandes maestros y a muchos santos sacerdotes en la santa iglesia católica y sobre todo a Cristo, mi hermano divino y maestro número uno, quien está presente conmigo diariamente.

Muchos sacerdotes, se preguntarán ¿Cómo puede este hablar cosas tan auténticas y tan veraces, cuando las referencias de sus familiares, amigos y hermanos son completamente negativas?

Yo les digo a todos las mismas palabras de Cristo mi hermano divino: Un profeta, solo en su patria y en su casa carece de prestigio. También les digo, yo fui enajenado, despreciado, repudiado o excluido por mis propios padres y hermanos, y también la iglesia me ha expulsado muchas veces desde cualquier simple liderazgo hasta el propio apostolado diocesano.

En la iglesia, te dan una orden proveniente de la diócesis en la que se te prohíbe participar en la iglesia o te aplican la ley del hielo. Así me pasó a mí, me dieron orden de no participar en la iglesia.
Todo por calumnias y falsedades de sacerdotes y líderes que siguen dirigiendo injustamente dentro de la iglesia.

Pero Cristo y mi padre celestial, se han ofendido gravemente por los abusos contra muchos justos inocentes, quienes han sido ofendidos por la iglesia contemporánea.
¡Sí! Mi Madre santísima llora lágrimas de sangre para que ya no sigan los abusos en el mundo y ni en la iglesia, y ruega mucho a Cristo y a mi Padre celestial para que muchos logren salvarse.

Mis familiares, mis hermanos, mi padre, mi madre, mis amigos, las comunidades eclesiales; ellos siempre darán malas referencias de mí, pues decir la verdad en Cristo, siempre te hará ser la oveja negra de la familia y de las comunidades eclesiales; pero yo les aseguro que Cristo es quien recomienda mis virtudes probadas.

Muchos sacerdotes justos, religiosos o religiosas fieles a Cristo, de los cuales Cristo y mi Madre celestial son testigos, serán bendecidos grandemente por el amor de mi Padre celestial y muchos hombres, mujeres, jóvenes y niños en el mundo conocerán la gloria de Cristo, por boca de un sarnoso.

En el evangelio según San Mateo 21, 13-16, dice así: Esta escrito: Mi casa será llamada Casa de oración. ¡Pero ustedes han hecho de ella una cueva de bandidos! …….. Mas los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el templo: ¡Hosanna al Hijo de David!, se indignaron.

Los sumos sacerdotes indignados por los gritos de los niños, y por los milagros que había hecho, le dijeron: ¿Oyes lo que dicen estos? Y Jesús les contesta: ¿No han leído nunca que de la boca de los niños y de los que aun maman te preparaste alabanza?

Esta sería la pregunta que les deberíamos hacer a todos los obispos, sacerdotes, presbíteros, diáconos y líderes de la iglesia.

Yo “Jesé Retoño –El lobo apocalíptico”, les pregunto a todos los obispos, sacerdotes, diáconos e inteligentes líderes de la iglesia y del mundo: ¿De dónde acá, los niños y los recién nacidos que aun maman, preparan alabanzas a Dios? ¿No son acaso los adultos, los sacerdotes, los fariseos o maestros de la ley los que no confían en Cristo?

¿¡Es que en esta ocasión, no tenía Cristo la razón para estar tan molesto con los escribas y fariseos por sus falsas doctrinas, más que ni con los niños!? o es que ¿cree usted que realmente a Cristo le gustan los escándalos, gritos y vendimias en su templo?

Aquí Piedrecita, quiere recalcar que es el clero—los líderes, los diáconos, los sacerdotes y obispos, los que no confían en Cristo, pero en cambio: los que somos más pequeños y ni pertenecemos a ningún rango eclesial, somos los que confiamos infinitamente en Cristo quien nos ama.

Piedrecita, quiere enseñar que son los necios adultos, líderes, diáconos, sacerdotes y obispos a los que Cristo esta reprendiendo, pues los niños ni siquiera entienden lo que sucede, pues la enseñanza es únicamente para los necios “sacerdotes y escribas”, obispos, sacerdotes, presbíteros, diáconos y líderes de la iglesia.

¡Felicidades al clero! Pues son toda una eminencia de sabiduría celestial. Más bien, creo que ya es hora de que el clero vuelva a retomar las clases de teología, porque a este paso, somos los niños o los más pequeños los que terminaremos dando las homilías dominicales. ¡Gloria a Dios!

¿Es que acaso hay otros pequeños de los que Cristo se está refiriendo? ¿No somos acaso los que renunciamos a los honores o puestos importantes y también los que somos desechados por causa del nombre de Cristo?

La Misa en si, o la celebración eucarística y el templo en sí mismo, al igual que todo aquello que es sagrado para Dios, debe de ser un ambiente de orden y de respeto al altísimo, sin descuidar a los menores. Los adultos son quienes deben ser santificados con la doctrina de la iglesia y con la efusión del Espíritu Santo. Los adultos son quienes con su ejemplo santo y vida de santidad, podrán ayudar, corregir y educar a sus pequeños en la santidad de Dios y de su hogar.

Ya es hora de que nuestros Sacerdotes, se concienticen de la necesidad de conocer bien la doctrina de la Iglesia y que por favor dejen de ser unos mediocres. No puede ser posible que la responsabilidad de la Iglesia este en manos de Sacerdotes y obispos indignos e incapacitados en materia de religión.

Ya es hora de que los sacerdotes, que piensan que el criticar a la iglesia es malo, ¡Sí! ya es hora de que estos sacerdotes entiendan lo que significa critica. Pues la crítica es buena en especial si es constructiva y si tiene la finalidad de corregir y beneficiar a la iglesia. Por favor, entendamos bien, el no decir los errores a los demás es violar el octavo mandamiento de la ley de Dios, que nos manda decir la verdad en su lugar y tiempo, para que no sigan los males. El no corregir a los sacerdotes equivocados, es violar el quinto mandamiento de la ley de Dios, pues el enseñar doctrinas equivocadas, es matar el alma de los demás y esto es condenado por Cristo mismo, quien manda no matar el alma.

Ya es hora de que estos sacerdotes equivocados y necios, lo entiendan, pues de lo contrario insultan a Cristo, por llamarlo mentiroso. Si lo que yo “Jesé Retoño” digo aquí, no fuese correcto, entonces Cristo jamás hubiese reprendido a los escribas, fariseos y doctores de la ley, llamándolos hipócritas o raza de víboras. Por ejemplo, Pablo el apóstol de las gentes, reprende severamente a Pedro, el primer santo papa de la iglesia, por su hipocresía ante los gentiles. ¿¡O es que nos vamos a poner a castigar a Pablo y a Cristo por cumplir la ley!?

¡Necios! Por favor, comprendamos bien las cosas, las leyes de Dios, son para su pueblo aquí en la tierra, no para el mundo. Esto no lo dijo Pablo, sino que lo digo yo, “Jesé Retoño”, por inspiración divina. Pues el mundo, al no aceptar las leyes de Dios, ya está juzgado. La ley esta echa para los violadores y si el que viola la ley divina es un sacerdote, ese tal será castigado con todo rigor por la ley divina; por lo tanto el reprender a los sacerdotes, es prevenir su castigo eterno.

Piedrecita es para beneficio de los sacerdotes y de todos los seglares en la iglesia, y también para todo aquel que busque a Cristo con corazón recto. ¿Qué prefieren, castigo de rey o castigo de Dios? porque los reyes sometían a los vencidos como esclavos de su reino, pero Dios extermina a quienes lo desobedecen o adoran a otros dioses. La decisión es vuestra.

Según San Pedro, el primer papa y apóstol de la iglesia, en su primera carta a la iglesia, capitulo 4, 17-18 dice: El juicio debe de empezar por la casa de Dios, pues si comienza por nosotros ¿Qué fin tendrán los que no creen en el evangelio? Si el justo, se salva a duras penas, ¿en que pararan el impío y el pecador?

Los católicos, deberíamos de aprender de nuestros hermanos los protestantes, que en sus sermones, no se oyen los ruidos de los celulares y ni de los niños, pues son muy responsables y esa es precisamente la razón por la que se desligaron o desertaron de la Iglesia Católica. Los protestantes, no llevan sus niños a sus templos o a sus sermones en días importantes de evangelización. Los protestantes, si acaso algún niño se cuela, ellos siempre se aseguran de que no llore o que no cause desorden o disturbios en la asamblea. Los protestantes, son católicos cansados ya de la irresponsabilidad del Clero, y que por eso han tomado la decisión de abandonar el Catolicismo.

Piedrecita, pone a la luz de todos, la necesidad de atender a la educación religiosa de los católicos. Piedrecita pone el enfoque en cómo vivir y dar testimonio de Cristo en nuestras vidas. Hoy en día la iglesia está totalmente desevangelizada; las multitudes son enormes y aún siguen creciendo en números incontrolables, pero son sociedades muertas en la fe y muertas ante Dios. Como diría en su tiempo nuestro señor Jesucristo: son tan solo sepulcros blanqueados.

Piedrecita nos concientiza, pues las sociedades católicas en su total ignorancia religiosa o doctrinal, son la carnada efectiva y perfecta, para las sectas protestantes, quienes buscan nuevos adeptos o prosélitos.

Hoy en día la iglesia son sociedades que solo asisten a misa los domingos, y eso si se acuerdan. Hoy Piedrecita nos concientiza, porque después de misa sigue la parranda, los pecados y la impiedad absoluta; pues la iglesia de hoy en día, son sociedades muertas para Dios, pero eso sí, todos comulgan. El que los sacerdotes, no concienticen a las comunidades y sociedades católicas de los grandes pecados que se cometen al recibir o comer a Cristo—Pan y Vino, incurren en la responsabilidad de los pecados de los demás.

Este es el sacrilegio más grande que ha ofendido a mi Madre Santísima, a Cristo y a mi Padre celestial. Este sacrilegio, será también la vergüenza y la causa del castigo eterno por la que el sacerdocio y el liderazgo afrentarán en aquel día, por sus acciones y por permitir ultrajes contra el evangelio y el cuerpo de Cristo mi Señor.

El sacerdocio debe obligatoriamente, reprender y concientizar a las masas, para que solo se acerquen a comulgar, estando en gracia de Dios y sobre todo, que sean católicos santos y fervientes de la ley de Dios. Si el que se acerca a comulgar, no reúne ningún requisito de santidad según lo manda Cristo y su santa iglesia católica, entonces esa persona, ni siquiera se debe de acercar ante el santuario.

Los católicos en general, tan solo son católicos de nombre. Los católicos son extremadamente desobligados de sus responsabilidades religiosas. Los católicos son tan solo tradicionalistas, que no conocen a Cristo y ni su propia religión. ¡Pero por Dios! a los católicos ni siquiera les interesa conocer lo que ellos mismos creen o practican. Los católicos prefieren tener imágenes de la Virgen y de Cristo en sus casas.

A los católicos les gusta invitar al sacerdote a una buena merienda en sus casas. Les encanta ganar palancas o huesos en la iglesia, en lugar de obedecer la ley de Dios y escuchar su palabra o mensaje divino, y ponerlo en práctica.

Aclarando el punto, los católicos bajo ninguna circunstancia adoramos a las imágenes de barro o metal. Aunque no niego, que haya montones y hasta millares de mediocres católicos que si adoran lo que sea y aun van a misa y hasta comulgan y también cometen sacrilegio; pero esos no son católicos en realidad. Tema que se ha venido haciendo muy popular entre los hermanos protestantes o en las diferentes sectas religiosas.

Pero las imágenes o estatuas, son buenos retratos que nos recuerdan siempre a aquellos que han dado su vida por nosotros y por Dios. Hoy no es tiempo de tocar este asunto, pero si es muy importante que entendamos los extremos absurdos del catolicismo.

Los niños son un detalle que a la Iglesia Católica ni siquiera le interesa, porque si le preocupara, bien que podría tener buenas regulaciones al respecto, y así de esa manera, dar buenos sermones constructivos de parte de nuestros sacerdotes. Pero parece ser que estos sermones seguirán siendo un sueño solamente, ya que los sacerdotes están cegados por la corrupción y el dinero, y se mantienen lejos de la oración, del conocimiento de las escrituras y de la vida de santidad.

Nuestros sacerdotes, conciben la santidad a su manera, así como cada laico administrador en la Iglesia lo concibe a su manera, y cuidado, pues hay del que les llegue a reprender, porque sería exterminado por la santidad infragante de los líderes y sacerdotes corruptos de la Iglesia de hoy en día. Nuestros sacerdotes y líderes, no están preparados para recibir correcciones de ninguna clase y mucho menos que dichas correcciones provengan de algún seglar inútil.

Así que si usted deseara corregir a algún sacerdote o líder en la iglesia, pues no lo dude, porque sería inmediatamente expulsado de la iglesia. Según el sacerdocio y el liderazgo, en la iglesia todos debemos ver y callar. El mantener el pico cerrado, es prueba de santidad ante los líderes y sacerdotes corruptos.

El católico, hoy en día debe de rezar muchos rosarios, debe de hacer mucha oración y penitencia, debe de dar donaciones jugosas, debe de comulgar frecuentemente; pero debe de mantener la boca callada ante las injusticias de los sacerdotes y líderes de la iglesia. El católico en la iglesia, si no se calla, de todas maneras lo cayán; pues es la especialidad de la iglesia contemporánea. Se los dice uno que sabe lo que es cargar con esta cruz.

Yo les digo a todos los sacerdotes, diáconos y líderes del mundo y de la iglesia: Cristo es misericordioso, por eso los reprende; de lo contrario hace ya bastante rato que ya habría desplegado su poder sobre vosotros. Pero yo “Jesé Retoño”, en pleno siglo XXI, soy testigo ocular, verdadero y viviente de su amor, y aun él tiene paciencia; pero les aseguro que este mundo, no podrá llegar sino solo en ruinas, e incluyendo a todos los que lo desobedecen.

Estimada audiencia, Piedrecita nos da un mensaje y con ello esperamos lograr que a través de la reflexión en estos hechos contemporáneos y tan aberrantes, nos podamos todos beneficiar para bien en Cristo. Yo pienso y confió plenamente en mi Padre celestial, que El aún nos dará más tiempo para que todos en el mundo podamos rectificar. El cambio en cuanto a la responsabilidad religiosa de los católicos, la meta de enderezar a la Iglesia y llegar todos a la reconciliación con Cristo, es lo que necesitamos en la Iglesia y que haya paz en el mundo.

La paz de Cristo sea con todos.
Si Cristo no me amara, yo no los amaría; pero sin embargo mi Madre celestial y yo, seguimos rogando por ustedes los sacerdotes y por los pobres de la tierra. Si no fuera por la intercesión de mi Madre celestial, Dios no tendría más paciencia para todos en el mundo. ¡Cuánto desearía en mi alma que nuestros sacerdotes nos entendieran!
Los saluda vuestro hermano el menor, Jesé Retoño—Mi mensajero.

-Editorial Piedrecita

Ver Tambíen:

Necedad en la Iglesia (Parte 1 de 4)

Necedad en la Iglesia (Parte 2 de 4)

Necedad en la Iglesia (Parte 3 de 4)

Necedad en la Iglesia - Editorial Piedrecita

Comments are disabled.