Oración y Lealtad: Mensaje Celestial

 
Oración y Lealtad: Mensaje Celestial

 

Oración y Lealtad

Mensaje Celestial

Lo que el protestantismo, la Iglesia y el mundo entero deben de saber

 

Yo sé que en mi vida y en la de cualquiera, no nos gusta hablar mal o criticar las acciones malas de nuestras propias familias, ni de nuestros hijos, ni de nuestros padres y ni de nuestra propia iglesia. Por nuestras familias, por nuestros hijos o por nuestra sangre, hacemos lo que sea.
Somos capaces de lo que sea, sin importar a quien nos llevemos por delante en nuestra batalla, y aunque estemos equivocados hasta el extremo. La familia es primero.

Sé que marcar la conducta reprochable de los sacerdotes en nuestra propia iglesia, nos disgusta; sé que la mayoría o casi todos preferimos decir cualquier cosa, como por ejemplo; ¡que nosotros oramos por ellos y que Dios los ayude!, o ¡yo no soy nadie para juzgar!, y así, de esta manera, preferimos no decirles sus errores. Así pues, obrando de esta manera fallamos al octavo mandamiento dado por Dios a su Iglesia. Obrando de esta manera preferimos obedecer a los hombres, antes que a Dios.

Pretendemos con ello que lo que pensamos o decimos es lo mejor y así siempre quedamos bien con todos y con nuestra propia conciencia, pero menos con Dios. Estamos siempre buscando la manera de cubrir el defecto, siempre seguimos soñando con aquel día en que podremos vivir perfectamente como Dios lo manda, pero nunca nos atrevemos a poner la mano en el arado y no mirar hacia atrás.

Estamos prácticamente diciendo que Cristo, vino a enderezar lo correcto y que lo chueco está derecho. Es decir que Cristo vino al mundo sin necesidad, vino en el lugar y en el tiempo equivocado, y así de esta manera, lo estamos llamando hipócritamente un mentiroso. Dicho de otra forma, Cristo es el que está chueco, y es Él quien se tiene que enderezar.

Obrando de esta manera, cumplimos con nuestro propio precepto o nuestro propio egoísmo, y así satisfacemos a nuestra propia conciencia egoísta, conciencia que ya no existe en casi nadie, pero a Cristo y su mandato evangélico, lo hemos callado.

Mucho antes de iniciar nuestro ministerio, Editorial Piedrecita, yo, Jesé Retoño, sabiendo que un solo hombre, no puede sostenerse en un ministerio tan gigante y divino. Un solo hombre no es lo mismo que una sociedad o entidad proveniente del vaticano o de una diócesis. Todos en la iglesia dependen de otros y en el ejemplo de otros, dependen del obispo, de sus párrocos y sacerdotes; y se cubren o se apoyan en sus ministerios con el apoyo de la iglesia. ¡Sí! El dinero y el poder están en la Iglesia.

Todos se recomiendan unos a otros, pero yo he tenido que seguir el apoyo y las recomendaciones directamente del Cielo. La tradición, las escrituras y el magisterio de la Iglesia, no están por encima de Cristo y de Dios Nuestro Padre Celestial, es la Iglesia quien está obligada a obedecer y seguir siempre a Cristo, nuestro Señor. Dicho de otra forma, Cristo no está sometido a la Iglesia, y si la iglesia no obedece a su señor, es ella quien será despojada.

Yo tuve que renunciar a las pasiones desenfrenadas que nos ofrece el mundo. Sabiendo que un solo hombre en tan inmenso reto al que Dios lo enviaba, tenía que rechazar todo aquello que invita a la vanidad, al liderazgo, al abuso, a la falsedad, a la prepotencia, a la avaricia, a las ambiciones, a la traición y al pecado en general. Tuve que apartarme con decisión firme de todo lo que puede dañar el alma de un buen cristiano. He tenido que echar mi orgullo y mi corona de familiaridades preferenciales, en el basurero.

No es posible tener vicios de todas clases y seguir siendo un hijo de Dios, eso es una contradicción y un engaño hacia nosotros mismos.

No es posible servir a dos señores, porque aborrecerás a uno y amarás al otro. No es posible amar a Dios y al dinero al mismo tiempo. No es posible pretender que somos buenos cristianos o buenos sacerdotes u obispos, y obramos y enseñamos un evangelio diferente al de Cristo; y al mismo tiempo complacemos a las multitudes en su egoísmo. Más bien apoyamos a las sociedades, según los tiempos más modernos y nos acoplamos a ellas, cambiando a Cristo y echando su evangelio al basurero.

No es posible enseñar a los demás a corregir sus faltas, cuando uno mismo no se ha corregido a sí mismo. No es posible corregir a los demás, si uno mismo no ha corregido a sus propios hijos, y si ni se ha preocupado uno mismo, por todos los de nuestro medio ambiente o los que lo rodean a uno.
No puedes tu enseñar humildad a los demás, si tú no eres humilde y sencillo como lo es Cristo.

No puedes tú salir a llevar el evangelio a los demás, si tú no has sido evangelizado y si tú no has conocido a Cristo con hechos y veracidad. Cristo no puede estar en nadie que no le sea leal, y Cristo no puede comunicarse a las multitudes a través de aquel hombre o sacerdote. Si ese tal no es capaz de renunciar a todo, incluyendo a sus familiares, y si ese hombre no es capaz de repudiarse a sí mismo, tan solo por el amor de Cristo; ese hombre no es digno ni de compasión, pues no vale nada ante la presencia del todopoderoso.

Estas faltas y estos pecados, son la realidad, y son parte integral de la vida cotidiana de un Iglesia contemporánea. Estos pecados o cargas las llevan nuestros obispos, nuestros sacerdotes y nuestros líderes religiosos. Pero todos se cubren de una santidad egoísta y superflua, que les enorgullece de ser católicos o de ser la Iglesia universal, instituida por Cristo.

El hombre que quiera seguir la voz de Cristo, debe ser un hombre que es todo para Cristo, siendo leal a todos en el nombre del único Dios verdadero. En mi caso, yo, Jesé, tuve que renunciar a mí mismo, a mi pasado inicuo, y he tenido que odiarme hasta el extremo. Yo tuve que renunciar a unos padres humanos, que desde niño les he sido tan solo un tropiezo. Yo, he tenido que renunciar a unos hermanos que por aborrecer a Cristo, también a mí me aborrecen. También tuve que quedarme aislado por muchos años y muchas veces de mi misma iglesia Católica, porque también ella me ha aborrecido y me ha cerrado las puertas hasta el presente. Al no ver yo otro camino, tuve que jurar a mi Padre eterno, que desde ahora en adelante, Él sería mi único Padre y María mi única Madre, y Jesús mi único Hermano.

A través de los años, de las visiones y de la presencia misma de la virgen santísima y de la presencia misma del todopoderoso en mi vida y en mi persona; después de algunos años, empecé a descubrir otras cosas que Dios no me reveló por inspiración del Espíritu Santo o directamente. ¡No!, sentía yo durante las Misas a la hora de rezar todos el Padre Nuestro, o el Credo, una inflamación o palpitación diferente de mi corazón, y no lo revelé hasta más tarde a mis hijos y a mi esposa.

Empecé a preocuparme y descubrí al pasar varios meses, que siempre que el corazón me palpitaba más fuerte o de forma extraña durante estas partes de la misa o celebración eucarística, empezaba yo a orar por el mundo y por la iglesia. La realidad es que cada vez que oraba por los pecados del mundo y por los de la iglesia, mi corazón dejaba de latir fuertemente. Las lágrimas me rodaban por el amor a Cristo, e inmediatamente se serenaba mi corazón, y comprendía que mi Padre celestial quería y me urgía que yo orara por el mundo y por la iglesia.

Desde entonces, a veces si acaso me olvido de orar, el corazón me palpita un poco y me recuerda mi misión en el mundo, pero al principio me palpitaba demasiado durante las Misas, y no hallaba ninguna explicación. Ya han pasado meses y hasta más del año que no dejo de rezar he interceder, por el mundo y por la iglesia. Cuando enseño a mis hijos el catecismo y les enseño el evangelio de Cristo; al terminar la sesión, inmediatamente rezamos, y les he pedido a mis hijos que también ellos oren junto conmigo por el mundo y por la iglesia.

Pero no les he impuesto esta tarea, porque no quiero que ellos tomen una responsabilidad que aún no entienden, aunque se esfuerzan por entenderme, y rezan juntos conmigo.

Queridos hermanos y hermanas de todo el mundo, yo lo mismo que a mis hijos, no les pido nada y ni les puedo exigir nada a nadie, pero desde que yo era pequeño, el cielo vino hacia mí y me marcó con la presencia misma del altísimo y con la marca indeleble de los hijos de la Madre del cielo y de la iglesia. Mi misión en el mundo, no es de acá, sino que viene de allá arriba. Yo siempre lo supe desde mi niñez y durante toda mi juventud estuve consciente de ello. Yo sabía que yo llegaría a este tiempo, a esta fecha y a esta época, y sabía cuál era mi misión en esta vida.

Desde el día aquel en que cristo vino a visitarme a mí, y después que mi Madre también vino a visitarme en aquel día en mi infancia, quedé marcado con una misión en el mundo. Y yo sabía que el día asignado por mi Padre Celestial, llegaría; y creo que este es el día, y ya ha llegado el tiempo de avisar a la humanidad y a la Iglesia, que hay que orar. El Espíritu Santo me revela y me sostiene, que hoy es el día de avisar a la humanidad y a la iglesia; la urgencia y la necesidad de orar.

Mi mente y mi conciencia lo sabían, y sabía yo que este día llegaría inminentemente; aunque muchas veces traté de rehuir o de pensar que Dios se avía equivocado. Al principio, en mi juventud, pensé que Dios posiblemente me quería para que fuese un sacerdote, pero al paso de los años, esa idea no progresó en mí. Pero, ahora sé porque él no quiso que yo no fuese sacerdote.

Hace tan solo unos cuatro años atrás, mi mente se concientizó y vino una fuerza del cielo, que fluyó desde mi interior y me movió fuertemente a prepararme para volver a Dios. Esta fuerza que viene de lo alto, me levantó con violencia y me urgió a moverme con rapidez y coraje, en los planes del todopoderoso. Yo dejé todo en el olvido y me decidí a seguir a Cristo, con aquella fuerza innata y superior a mí. Esta fuerza que surgía dentro de mí, aún me sigue alimentando, y está conmigo hasta el presente.

Tal fue mi reacción que decididamente me lance a mi preparación o repasos de mis estudios religiosos que he llevado de por vida. También empezó la oración que fluía ya dentro de mí. Tuve que dejar al mundo y vivir en mi familia y en Dios, sirviéndolo en espíritu y en verdad. No obstante aun pensaba que Dios mi Padre se equivocó, porque habiendo tantos hombres religiosos, sacerdotes y obispos importantes en la iglesia, vino a insistirme a mí, que soy tan solo un pobretón, un desecho de la Iglesia y un miserable laico aborrecido.

Dios no se presenta a cualquiera nada más porque si, cuando Dios tiene planes y se presenta a una persona más de una vez, es que Dios viene a cumplir su plan en serio, y la cosa no es un chiste. Cuando Dios dice o habla, es que el temblor será grandísimo; y conmigo ya han sido varias las ocasiones en las que se me ha revelado y se me ha presentado de diferentes formas, y si esto es así, es que la cosa viene en serio. Cuando yo oro a mi Padre celestial, siento en mi espíritu que él me escucha y mi espíritu se calma, y comprendo que Dios quiere que el mundo y su iglesia cambien. Él quiere que la iglesia enderece su camino. Mis lágrimas ruedan y a veces no me puedo contener, y me preocupo demasiado.

Ahora, ya no me preocupo más por las palpitaciones de mi corazón, porque ya sé cuál es mi misión, pero ahora estoy muy preocupado por el mundo y por la iglesia. Así que he pensado en decir y pedir al mundo, a todos los que creen en Cristo, y a la iglesia, que ya es hora y tenemos que orar, para que Dios se apiade de todos. Pues estamos viviendo unos tiempos muy difíciles, la fe en Cristo y en su Iglesia ha muerto, y las puertas del cielo se han cerrado en nuestros días. Los pecados del mundo y de la iglesia, han ofendido a mi Padre y a Cristo, y a mi Madre, que está muy afligida.

Es muy importante saber que hay que hacer para orar, para que Dios nos escuche, porque Dios mi Padre no puede escuchar a los que están muertos en la gracia divina. Las multitudes, las religiones y la iglesia misma pueden orar mucho, pero Dios no los puede escuchar, porque Él solo escucha a sus hijos. La iglesia celebra continuamente muchas misas y en ellas, todo transcurre como si nada pasara. Más bien, la iglesia enseña a los fieles, que Dios nos escucha y que todos iremos al cielo.

El protestantismo, creciendo a gran escala; los católicos ignorantes de su religión, secos y sin fe, y los sacerdotes, que todo lo ocultan bajo una solemnidad y bajo un coro lleno de cánticos victoriosos. Pero la verdad es que la iglesia no quiere enfrentar la drástica realidad. Nuestros sacerdotes y obispos, no quieren ser honestos en el evangelio de Cristo y siempre procuran tratarnos con mensajillos inútiles o fabulas.

El sacerdocio ha apostatado de Cristo y tan solo hace lo que al mundo y a las multitudes les agrada.
La realidad o la decadencia de la iglesia, siempre la ocultan, pero el dinero en las Diócesis, es quien controla y les da el poder a nuestros obispos, sacerdotes y laicos administradores de ministerios religiosos y económicos.

Son millares en el mundo que están abandonando el catolicismo, el protestantismo está invadiendo a la Iglesia Católica, y la corrupción interna de la Iglesia sigue creciendo; no obstante la iglesia sigue creciendo en números, pero, no en santidad. La santidad de la iglesia hoy en día es una miseria, y se mide por el dinero que entra en una diócesis, y Pedro en lugar de enderezar, corregir y confirmar a sus hermanos, se ha unido a una sociedad católica—demócrata. Dice el Señor: Lucas 18, 8. Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?

Por otro lado, el mundo sigue cada vez más, aumentando sus pecados contra Dios y cada vez los ataques del mundo hacia Dios, son más ofensivos y despiadados. Las sociedades son cada vez más asesinas, las sociedades cada vez creen más en sus dioses y la iglesia asegura que los dioses del mundo, solo llevan el nombre de Dios de una manera diferente; indicando que son el mismo Dios. Estos son los frutos de un ecumenismo o revoltura de credos. Esta iglesia contemporánea, refleja al antiguo pueblo samaritano de los tiempos de Cristo. Más el ejemplo y el sacrificio o santidad, han pasado a la historia. Hoy en día, cualquiera es santo, según las enseñanzas de nuestros sacerdotes, pues basta con ir a Misa y comer el cuerpo de Cristo.

Los medios de comunicación son cada vez más destructivos, ignoran y rechazan más a Dios. Los medios de comunicación irradian mucha acción y destrucción, causando en la humanidad más violencia, más vanidades, más vicios, más placeres o lujos, mas ofensas contra Dios y más rebeldía contra la naturaleza misma del ser humano. El hombre y la mujer no están conformes consigo mismos, y se prostituyen, se degeneran, se avergüenzan de su propia naturaleza o se venden así mismos para lograr sus más torcidos deseos.

En la iglesia, no hay nadie que quiera dar testimonio de Cristo y todos los que asisten a Misa todos los fines de semana, saliendo de misa, son lo mismo que el mundo y todos se avergüenzan de ser católicos o cristianos.

La iglesia, hoy en día, es una fraternidad egoísta o un socialismo muy fraterno tan solo entre ciertos miembros que se sienten súper católicos. Para el mundo; los cristianos, todos son iguales, no importa la denominación religiosa; sí porque los católicos no dan ejemplo de virtudes propias de Cristo; no dan ejemplos virtuosos que los hagan diferentes ante las sociedades. Los católicos profesan ser cristianos en sus templos, pero ante el mundo demuestran ser ateos o paganos. El mártir o santo, es cosa del cristianismo arcaico y origen del catolicismo o del siglo del dolor.

La razón de mi evangelio, es porque debemos instruirnos en la doctrina de Cristo y debemos conocer a Dios y obedecerlo según sus leyes; no según nuestras leyes o formas de entender a nuestros dioses o ídolos, o según nuestra manera personal o manera filosófica de entendimiento, o según nuestro propio criterio, o según nuestra propia religión. No todas las religiones salvan, pero solo una, solo la que Cristo, el Hijo de Dios estableció en el mundo.

Para que Dios nos escuche, debemos vivir una vida en la que debemos obedecer y seguir la doctrina de Cristo, y recibir los sacramentos de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Debemos también ser hombres y mujeres fieles a obedecer las leyes de Dios y debemos amar a Dios, y servirlo las 24 horas del día y todos los días de nuestra vida.

El hombre y la mujer que ora a Dios, no es un hombre que se la pasa horas enteras hincado ante un altar llorando y rogando a Dios. No es un grupo que se la pasa orando y cantando alabanzas con las manos en alto; no es tampoco alguien que ora de rodillas e inclinado besa el suelo, ¡No!, por el contrario, la oración que Dios quiere que hagamos, es una oración de comunicación con Él, es una amistad con Él, continuamente a diario. Nuestra oración y amistad, debe de ser en nuestros trabajos y en nuestra vida cotidiana.

Nuestras vidas deben ser consagradas o dedicadas para Dios. Debemos dar testimonio con sacrificios y con nuestras propias vidas. Debemos dar testimonio con nuestra conducta santa ante nuestros propios hijos, ante nuestros familiares y amistades, ante nuestra propia comunidad eclesial y ante todo el mundo, acerca de nuestra fe en Cristo y de su iglesia. La ley Mosaica ha pasado a la antigüedad, y Cristo y su Iglesia son el nuevo testamento, donde los ritos antiguos ya quedaron caducados, pero ahora Cristo nos pide el ciento por uno. La división de religiones cristianas, no debe de existir más y todos debemos de formar un solo pueblo santo.

Nuestra oración no debe de ser tan solo de Misa de Domingo, pero debe de ser con una vida de santidad diaria, como prueba de nuestra lealtad a Cristo y a nuestro Padre celestial. Dios se alegraría mucho si muchos hombres y mujeres, pudieran dejarlo todo por Él. Si muchos otros hombres y mujeres en el mundo se convirtieran y se unieran a Cristo, como yo lo he hecho, Dios detendrá los castigos que la humanidad no quisiera ni escuchar. Si esto sucediera, yo creo que para entonces yo ya no estaré entre ustedes, pero ¡hay de los que se encuentren en el mundo!

Las leyes humanas, las naciones del mundo y los pecados de la iglesia, han ofendido a mi Padre y a Cristo, pero si muchos hombres y mujeres como yo nos pudiéramos unir en esta oración, la paz vendría al mundo. Hoy no es mi tiempo de explicarles mi vida y mis misterios que Dios me revela y ni de las luchas contra las fuerzas del mal. Luego les revelaré como Dios se me apareció a mí, en el camino, y de que otras formas ha venido Él, a visitarme a mí en persona. ¡Sí!, les digo que la presencia de Dios, es inexplicablemente poderosa y Dios mismo no puede ser contenido en los universos, y nadie, ni ejércitos y ni poderes humanos o ajenos, pueden sobrevivir ante El Todopoderoso, solo si Él lo permite y solo si Él Santifica a quien él quiere darle su gracia. Dios no es materia y aun lo espiritual no puede conectarse con Dios, si está en pecado.

Les digo sin embargo, que la presencia de Dios es inmensamente maravillosa, y aquel que lo tiene presente ante él, se paraliza y después de la experiencia, se experimenta una ansia de volverlo a tener tan cerca; y se experimenta en uno, una paz inmensa y eterna. Pero ya les contaré en otra ocasión de estas y otras realidades de mi vida y los secretos que Dios me revela.

Pero, por otro todo, les hago de su conocimiento que ya son varias las luchas verdaderas que yo he tenido personalmente contra el enemigo número uno de Dios. Satanás es un ser maligno, que ha logrado en nuestros días controlar al mundo y a la Iglesia. Satanás, es una realidad horrífica y verídica, con la que yo me he tenido que enfrentar a la luz y en pleno día. Los ataques del enemigo de Dios contra mí, han sido enfurecidos, el maligno se ha empeñado en que yo calle y no anuncie lo que Dios quiere que yo anuncie a la humanidad y a la Iglesia.

El maligno no quiere que yo anuncie lo que la iglesia y la humanidad deben de saber. El enemigo se ha lanzado contra mí, buscando quitarme del camino que Dios me ha trazado. Esta fue también, la tercer visión que yo tuve en mi infancia, donde presencié vívidamente que, el diablo me mataba con furor y odio infernal, y yo mismo sentí en mi cuerpo el dolor de la muerte, dolor que sentí físicamente al penetrar el cuerno agudo del maligno en mi espalda. Se presentó ante mí en forma de un enfurecido toro infernal y me mató, clavándome uno de sus cuernos en mi espalda.

Apartémonos de las obras del mal, rectifiquemos nuestras vidas ante Cristo y despojémonos del hombre viejo, rechazando todo aquello que va en contra de Dios y sus leyes divinas. Estando todos debidamente ungidos y llenos de su gracia, nuestra oración será grata a sus oídos y Dios sabrá recompensarnos eternamente. Si todos lo obedecemos y lo amamos, habrá paz en el mundo, Dios detendrá los castigos y su iglesia será renovada para gloria del todopoderoso.

Les invito cordialmente a todos en el mundo, a unirse en esta oración y en esta entrega de vida y santidad a Dios nuestro Padre, y a Cristo nuestro Señor, pues Él es el Dios verdadero.
Estoy pensando en Dios, estoy pensando en su amor, ¡me siento solo!, pero el mundo y su iglesia solo han derrochado su tiempo en festines y en jolgorios, cuando el Señor nos ha llamado a lamento y oración.

Estoy muy preocupado, porque mi Madre, está afligida.
¡Hay que orar mucho! Orar y orar, y santificarse, dice nuestra Madre. Nuestra lealtad a Cristo debe ser recta y cristalina, sin falsedades.

Quisiera poder retractarme de lo dicho aquí, pero ya no puedo desobedecer más a mi Señor. Ya he huido muchos años en mi vida, y de este mandato divino, y hasta he pretendido que Dios no vino a mi vida. Hasta me he molestado con mi Señor, porque cada vez que intento presentarme ante la iglesia, sus líderes me echan fuera, y quise también huir como Jonás.

Dios me llamó para una misión y siempre lo supe; yo sabía que llegaría ese día. Ese día es hoy, el día que Dios me había asignado desde mi niñez, para que yo anuncie lo que ha de acontecer. Si les dijera que Cristo no ha estado presente aquí conmigo, les mentiría y si quisiera negar la presencia misma de Dios en mi vida, les volvería a mentir y ya no puedo más, porque amo a Dios más que a mi propia vida.
No solo eso, Dios mismo me ha instruido y preparado para este momento, él me ha inspirado y la presencia misma del Espíritu Santo, me alimenta y me fortalece a diario, para tener las fuerzas y la sabiduría, que necesito para ejercer este ministerio que Dios me ha enviado a cumplir.

Si no hubiera nadie en el mundo que me acompañe en mi trayecto, entonces, a pesar de todo, yo seguiré obedeciendo a mi Padre Celestial, a mi Madre y a Jesús. Seguiré rogando por ustedes, y por el mundo y por su Iglesia. Seguiré yo solo como siempre, luchando e insistiendo por la salvación del mundo y de la iglesia.

Con cuánta razón dijo nuestro Señor Jesucristo, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo, pero si muere, dará mucho fruto. Solo espero que Cristo cumpla en mí su plan, aunque quede yo solo y destrozado, sin apariencia y sin presencia. Aunque nadie crea en mí, no dejaré de cumplir con la promesa que les hice a Cristo y a mi Padre eterno.

Yo sigo soñando en que quizás la iglesia pueda y quiera enderezar su camino, ¡sí!, aun sueño y sigo con la esperanza de que la iglesia de Cristo llegue a realizar el plan de vida y esperanza que Dios, siempre quiso desde el principio de la creación. Yo seguiré pensando en el mundo y en la iglesia, y seguiré esperando que Dios mi Padre siga eternamente siendo misericordioso con su Iglesia y con la humanidad. No me agrada nada ver a tanta gente sufriendo, y sufro tanto al siquiera pensar que esto le pudiese pasar a tantos indefensos seres humanos y sin fe.

Aunque últimamente Cristo y mi Madre, se han presentado de diferentes formas en el mundo, llorando por nosotros lágrimas de sangre y esto me aflige demasiado, porque aún no queremos entenderlo; tal vez somos o nos hacemos ciegos. Con cuánta razón, Cristo nos dijo: “Para un juicio he venido a este mundo, para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos”.

Pero mi alegría más grande, es que mi evangelio pueda ser recibido por millares en el mundo, y la salvación llegue a las multitudes, así como el Señor me lo ha asegurado. Mi victoria, será mi obediencia a Cristo. Esta es y será mi mayor alegría y ésta es mi corona de bendiciones que presentaré en aquel día a mi Padre Celestial, a mi Madre y a Cristo mi hermano, mi Señor y mi Dios. Ese día yo estaré para siempre junto a mi Madre Celestial y tendré una verdadera familia que me quiera.

Dios los bendiga a todos, que Dios se apiade del mundo y de su Iglesia, que Dios detenga los males que vienen a la humanidad y a la Iglesia y conceda la salvación a millares en el mundo, y que, todos podamos ver su gloria. Que la oración en el mundo y en la Iglesia, sea una realidad, pidámoslo de todo corazón. Yo creo sinceramente que Dios si quiere perdonarnos, si todos dejamos de hacer el mal.

María mi madre, ha hablado al mundo y a la Iglesia, pero nadie la ha escuchado.
Hoy mismo, Dios hace un llamado al sacerdocio en su iglesia; está escrito en la ley (I Cor 14, 21): Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré yo a este pueblo, y ni así me escucharan, dice el Señor.

Les aseguro que las luchas que he tenido contra el diablo, han sido reales, físicas y espiritualmente, uno a uno, y en el nombre de Cristo. Lo he tenido frente a mi cara, lo he golpeado en el nombre de Cristo, y me ha odiado como odia a Cristo, mi hermano y mi Dios. Cristo, es quien me ha librado en las batallas y también Dios mi Padre celestial, quien me ha defendido y me lo ha quitado de encima.

Ante estos hechos verídicos, me he levantado con furia contra el enemigo de Dios, me he lanzado como un “Lobo” enfurecido y rabioso; porque el enemigo está acabando con la Iglesia de Dios y con el mundo. El enemigo de Dios, está decidido a exterminar, no solo a la Iglesia, pero al mundo entero. Mis garras destructoras, son el evangelio de Cristo, la oración, la verdad, el sacrificio, la obediencia a Dios, y el poder desgarrador de mis colmillos radican en el Poder de mi Padre eterno. Yo estaba mortalmente caído y herido; era una miseria humana, pero Dios me ha levantado y me ha limpiado de mis pecados, para que anuncie con el poder de lo alto, su Santa voluntad.

Yo sabía que esta era la voluntad de Dios mi Padre, y sabía que Dios me había llamado desde la eternidad, para este momento, y sabía que Dios revela los sellos de todo “Apocalipsis” en su debido tiempo. El mundo debe buscar a Dios y debe de orar, el mundo debe dejar los odios y las divisiones antes de que sea tarde. La Iglesia debe de enderezar su senda, para que Dios se apiade de todos, y para que la Fe en Dios y en su Iglesia, no se extinga.

Los invito a todos a orar y a conocer a Cristo, Él es la alegría más grande que puede existir, no solo en este mundo, pero hasta en la vida eterna. Oración y lealtad a Dios. Oremos y no dejemos de orar, para que Cristo sea la luz del mundo y de nuestras vidas. No hay nada de qué preocuparnos, si todos cambiamos para servir a Dios y hacer su voluntad. En verdad, en verdad les digo: Quien recibe al que yo envíe me recibe a mí, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado, dice el Señor. Oremos.

Yo, Jesé Retoño, soy aquel niño quien en su infancia, recibió la cornada letal del enemigo en mi espalda, y ahora soy un lobo implacable; para que todos puedan llegar a ver, conocer y amar a Cristo, tal como yo lo conozco, a excepción de estas cadenas.

Mi mensaje, pareciera un mensaje de ciencia ficción, muy interesante para quien sea; solo que si nadie obedece esta vez, Dios mi Padre, dejará que la iglesia y la humanidad sufra. Mi mensaje pudiera dar testimonio de que yo tengo don de un súper evangelizador, y que puedo lavarle el cerebro a quien sea; pero no es así, este mensaje es verídico y viene por órdenes del Altísimo, pues Él así me lo revela y yo soy obediente a su santa voluntad. Yo, Jesé Retoño, juré ante el altísimo “Lealtad”, y juré que no lo desobedecería, y que esta vez sí cumpliría yo con todos sus mandatos.

Le juré a mi Señor, que esta vez, Jonás se presentaría y cumpliría con entregar su mensaje, aunque la misma iglesia me echara fuera o me excomulgara y aunque terminara siendo odiado por todos. Si de algo me tuviera que enorgullecer, sería tan solo de Cristo y de un Cristo crucificado, porque no es hombre de virtud probada el que se recomienda así mismo, sino solo aquel a quien Cristo recomienda.

Saludos a todos, y que la paz de Cristo y de mi Padre Celestial, esté con ustedes.
Mi Madre les ama y se preocupa siempre por todos. “Acuérdense de Orar a Dios, que yo no me he olvidado de ustedes, pues desde antes de empezar mi ministerio, yo ya he orado por los que han de ser mis hermanos y hermanas. También he orado por quienes creerán en mí y en Cristo, para que lleguen a verlo y amarlo, como yo lo amo y para que lo conozcan, tal como yo lo conozco”. ¡Que hermoso es estar junto a Cristo! Vale la pena sufrir por Él.

Los saluda vuestro hermano el menor:
Jesé “Mi Mensajero” Retoño– Un Lobo Apocalíptico.
Dibujo y arte por Polina Ipatova.
Editorial Piedrecita.

 

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