¿Qué pensamos en nuestro ministerio?

 
Cristo y Nuestro Ministerio

Sabemos que tratar de arreglar las cosas en nuestra Iglesia, es algo prácticamente imposible. Piedrecita es tan solo una ilusión en el mundo.
Sabemos que muchas equivocaciones y muchos malos pasos hemos dado en la Iglesia y hasta el clero se ha desviado del camino de Cristo nuestro Señor y nosotros los laicos somos un cero a la izquierda. Nuestra voz no vale más que un rábano y seguir a Cristo es nuestra faena, Él es nuestra meta y sin embargo Él es también nuestro calvario.

¿Quién no sueña en que la Iglesia pudiera cumplir con su obligación aquí en el mundo? ¿Quién no desea la paz en las familias? ¿Quién no quiere la paz en el mundo?

Pedimos que los demás trabajen por la paz, pedimos que haya sacerdotes buenos, pedimos evangelizadores, pedimos que el Señor envíe trabajadores a su mies. Pedimos que hagan oración por la paz y también pedimos por que Dios envíe nuevos sacerdotes.

Quisiéramos que las enfermedades no nos acosaran y que la muerte no existiera. Para ser sinceros, nosotros pensamos que quizás lo que todos deberiamos de querer es que Dios estuviese hoy aquí en este mismo instante, y que Él estuviese presente con nosotros y que todo el dolor que pasamos ya no existiese jamás.

Pero el único hombre que vino a este mundo a ofrecernos su Reino Eterno, nadie lo aceptó y preferimos sacrificarlo como a un ladrón y así es como hoy seguimos todos haciéndolo en el mundo. Su propia Iglesia en miles de ocasiones le ha dado la espalda y sigue rechazando a los profetas enviados del Altísimo, la Iglesia en miles de situaciones se ha avergonzado de su ministerio, junto con sus ministros y trabajadores, que supuestamente son el pueblo de Dios.

Nosotros Piedrecita, por el llamado que Cristo nos ha hecho, seguimos soñando en que los hombres y las mujeres, fuera y dentro de la Iglesia, deberíamos todos estar unidos en un solo pueblo y una sola Iglesia, como Cristo así lo dispuso. Cuando una familia está dividida, el mal entra por todas partes y la discordia los destroza sin medir consecuencias.

Pensamos nosotros que todos en la Iglesia, deberíamos poner con firmeza nuestras manos en el arado de Cristo y no mirar hacia atrás jamás. Pensamos que si no hemos sabido cumplir con la función que Cristo nos encomendó, es porque no hemos permitido que Cristo nos santifique.

Nosotros pensamos que nuestro corazón y nuestros ojos se desviaron en ilusiones vanas, confundidas por el espejismo del poder económico o por las deudas de este mundo, el liderazgo, Obispos sentados en sus tronos, sacerdotes parroquianos montados en sus orgullosos liderazgos, la fama del sacerdocio que supera a la de los artistas, los ministerios llenos de soberbia y que aplastan a los demás, los grandes eventos diocesanos, el deseo de controlar a los demás en grandes masas, nuestro egoísmo, las grandes catedrales y la multitud de edificios religiosos tan suntuosos y tan artísticos, los padres de familia, no son el ejemplo que deben seguir los hijos para aprender los valores de nuestra santa religión cristiana, los Católicos en grandes masas, pero que ninguno confía en los demás y afirman amar a un Dios que ellos no conocen y que a pesar de todo viven en la soledad y en la división absoluta, etc., etc., etc.

Si buscáramos las cosas sencillas, si las familias fueran verdaderamente cristianas y educaran a sus hijos en los valores evangélicos, y si todos buscáramos a Cristo entre los pobres, y si nuestros sacerdotes y Obispos convivieran y sufrieran junto con el pueblo de Dios, quizás entonces ellos comprenderían de qué hablaba Cristo nuestro Dios.

Servir y servir es nuestra misión y no ser servidos, así nos ha mandado nuestro Dios. Nosotros pensamos en Cristo nuestro Dios, y pensamos y pensamos y no dejamos de pensar eternamente. ¡Qué lindo es ser como Cristo!

¡Si con nuestros pensamientos pudiéramos cambiar al mundo…! Pero no nos queda de otra y seguiremos pensando en aquel que nos llamó desde la eternidad, en aquel que se hizo presente en nuestras vidas y nos tocó el corazón, nos habló al oído y nos dio una caricia, más sin embargo no quiso olvidarse de nosotros y ni de aquellos que aún lo buscan en el mundo.

¡Sí! Qué lástima que nuestra Iglesia, se esté alejando de su dueño, que lástima que nosotros los laicos valgamos tan solo unas monedas durante la colecta para el Clero, porque nuestros sacerdotes no llevan el poder del Espíritu de Dios. Ellos en lugar de mostrarnos a Cristo, solo nos desilusionan con su frialdad y su pobre y miserable fe.

¡Qué lástima! Quisiéramos llorar una lágrima por Cristo y lamentarnos de tanta soledad y de tanto frio en nuestros cuerpos, porque yacen como huesos secos en la vega de la vida. Nuestras vidas se pierden en las fábulas e ilusiones de este mundo y en las falsas esperanzas de la humanidad. Quisiéramos llorar una lágrima y pedirle a Cristo que no deje de tener misericordia de la humanidad y de su Iglesia. ¡Sí! Por eso el rostro de Cristo llora lágrimas de sangre y se lamenta de los pecados de su Iglesia y de la humanidad.

¡Sí! Nosotros pensamos que el mundo necesita una caricia de Cristo, para que entienda que Dios vive y no se ha olvidado de la humanidad y mucho menos de su Iglesia.

Piedrecita, es tan solo un pensamiento y es una voz perdida en el desierto, es un rugido y es un llamado de Cristo para todos. Quizás un día los hombres y las mujeres y la Iglesia quieran caminar juntos en Cristo. Eso es lo que pensamos.

La paz de Cristo nuestro Señor y de nuestro Padre Eterno sea con ustedes.
Saludos de vuestro hermano el menor Jesé Retoño.
Editorial Piedrecita.

 

 

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