¿Quién es el Prójimo?

 
Cristo ofrece una Hostia

El fin de semana 07/13/13, durante la homilía, oímos increíblemente uno de los errores que frecuentemente han estado cometiendo y esparciendo nuestros sacerdotes en la Iglesia. Errores que ya tienen décadas que se cometen con toda naturalidad, una y otra vez y todos en la Iglesia siempre les aplauden a los sacerdotes.

¡Qué cosa hay que el público no aplauda a los sacerdotes! Cualquier cosa que ellos digan es una gracia pues todo el mundo les aplaude, aunque sean sandeces cubiertas de teología.

Estos lamentables errores que cometen nuestros sacerdotes y que nadie lo nota y a nadie le importa y sin embargo dañan a millares, sin darse cuenta.

Este es el poder que tiene el sacerdote de dañar a tantos y tantos inocentes, cuando ellos como autoridad de la Iglesia están mal instruidos y mal informados.

Este error que hasta se maravillan ellos mismos y lo gozan y lo saborean al hablar del prójimo, y claro como en este asunto ministerial evangélico, cuando ellos hablan, ellos son toda la autoridad absoluta. ¡Que algún día un laico se atreviese a decir algo a un sacerdote, le costaría la excomunión y el repudio de los fieles de hueso colorado, fieles que los defienden a capa y espada y sin razón o fundamento evangélico alguno!


¿Quién es el Prójimo?

Parábola del buen samaritano: Lucas 10, 29-37.


Esta parábola, que hasta la fecha ninguno de nuestros sacerdotes, la ha podido entender o no la han querido enfrentar, tal y como Cristo nos la enseñó, pero hasta las Diócesis y nuestros Obispos y sacerdotes del más alto rango clerical, hasta pareciera que son unos verdaderos pordioseros e ignorantes en lo más elemental de las enseñanzas dadas a la Iglesia, por Cristo nuestro Señor.

Hasta parece que la Iglesia misma no sabe lo que es o significa una parábola o imagen literaria, casi nos atrevemos a decir que esto parece más bien una cosa de niñería el ponernos a hablar de este asunto.

El caso es que el sacerdote, durante la homilía explicaba a su manera la caridad que debemos de tener hacia el prójimo, hacia el necesitado y como debiéramos todos de ser con el necesitado. A este sacerdote le encantaba repetir como disco rayado la palabra caridad, palabra que se miraba a leguas que ni él sabía lo que decía. Pero sobre todo mencionó que la vida da vueltas y uno no sabe cuándo le toca a uno y por supuesto debemos entender la necesidad de ser caritativos con los demás, pues que cuando nos toque a nosotros, obtendremos nuestra recompensa.

Este discurso, verdaderamente, es tan desilusionante y tan bochornoso, que prácticamente, ya casi ni queríamos seguir oyéndolo.

En fin, entremos a lo que nos concierne, la pregunta sería así: ¿Qué hay de mal en su enseñanza, la que dio este sacerdote?

Pues para ser sinceros, ¿qué cosa hizo bien en su homilía?, prácticamente nada bueno. Pero para el público que no entiende nada, esto fue una maravilla. Nos enseñó lo que él quiso a su manera, pero Cristo quedó fuera del verdadero mensaje y ahora lo veremos.

Estimados lectores, aquí queremos hacerles ver que para poder afirmar y contradecir lo que la Iglesia ha estado enseñando por siglos, décadas y décadas, hay que estar muy cerca, pero muy cerca, nosotros diríamos que hay que estar extremadamente cerca de Cristo. Y ¡No es broma! El Apóstol Pablo diría en su tiempo, ya no soy yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Es decir, que es el mismo Cristo quien debe de hablar hoy y en este mismo momento, para poder enseñar lo que hoy usted descubrirá.

Y el derecho canónico No. 212,3 dice: “Los fieles… tienen el derecho y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas”.

El sacerdote, nos enseñó que el prójimo es todo el mundo y sobre todo los que son más necesitados, ¡magnifica enseñanza!, pues de esta manera, ¿quién no está de acuerdo?, ¡todos por supuesto!, para esto no hay necesidad de ir a un seminario y prepararse para ser sacerdote.

Si leemos nuestra cita bíblica, el legista, no estando conforme, le preguntó a Jesús ¿Quién es mi prójimo?

Es decir que este legista, ya tenía su propia información o conocimiento propio acerca del prójimo, así como hoy la tiene también nuestra Iglesia Católica, pero aun así se atrevió a preguntarle a Jesús, para probarlo. De la misma manera en que hoy la Iglesia, hoy en día nos interroga a nosotros los laicos, para ver si nuestra enseñanza es válida y si estamos dentro de la política y de los intereses corruptos de nuestra Iglesia hoy en día.

Y Jesús nuestro Señor, le contó una parábola de uno que bajaba a Jericó y que fue asaltado por unos ladrones. Después de pasar por aquel camino, un sacerdote y un levita, por fin pasa un samaritano que se apiada del necesitado. Este samaritano lo curó y pagó por su recuperación.

Entonces Jesús nuestro Señor le pregunta al inconforme legista: de los tres que pasaron, ¿quién te parece que fue el prójimo?

El legista contestó sabiamente, el que practicó la misericordia. Después de esto Jesús, nuestro Señor, le dice: ve y tú has lo mismo.

No hay que ser muy inteligentes para entender el mensaje: Jesús nunca dijo que el prójimo era el necesitado o el moribundo. Jesús no dijo que el prójimo era el vecino, el mecánico, o simplemente quien sea, sino solo el que practicó la misericordia. Y quien verdaderamente practica la misericordia es solamente Dios y ese era Jesús, quien en la parábola estaba representado por un samaritano, ya que los samaritanos eran despreciados por los Judíos y Jesús nuestro Señor era despreciado por su propia raza o pueblo, los judíos. Así como hoy en día nosotros los laicos al querer evangelizar en nuestras comunidades, somos despreciados y desechados por nuestra propia Iglesia.

En otras palabras, la parábola del samaritano, nos enseña que el enfermo o el necesitado, es el que necesita ayuda del prójimo y el prójimo es solamente Dios. Por eso nuestro Señor Jesucristo nos enseña que no necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos.

Es decir que los que necesitan al prójimo o médico, son los enfermos o necesitados. Dicho de otro modo, cuando usted va al médico, no quiere que le vaya hacer una cirugía uno que no es médico y que no esté titulado, sino que tiene que ser un médico autorizado para que su curación sea sin riesgos y su recuperación de salud sea garantizada.

Así de la misma manera todos necesitamos un prójimo que nos garantice nuestra seguridad y que nuestra vida no esté en peligro y podamos llegar a nuestra meta sanos y salvos.

Así es que Jesús es sumamente claro, el prójimo, es todo aquel que practica la misericordia como lo hace Dios con la humanidad. Jesús nunca dijo que el prójimo eran todos en el mundo y mucho menos que los enfermos o necesitados eran el prójimo, sino que eran solamente aquellos que seguían la ley de Dios y mostraban su misericordia hacia los demás.

Entendamos bien las cosas, cuando buscamos la guerra contra los demás, no es posible que seamos el prójimo, sino los anticristos y si luchamos haciendo el bien hacia la humanidad, hacemos como Dios hace y nos convertimos en el prójimo de los demás.

Solo haciendo el bien y buscando la salvación de los demás, nos convertimos en el prójimo. Por lo que, Dios se designa a sí mismo como el prójimo y nosotros no podemos ser el prójimo, a menos de que obremos siguiendo su ejemplo, el de Dios, es decir el de Cristo nuestro Señor.

Pero la Iglesia se ha dedicado a esparcir el error de que el prójimo es todo el mundo o cualquiera, sin considerar en absoluto la enseñanza de Cristo nuestro Dios, Señor y dueño de la Iglesia. A la Iglesia le encanta su política y le gusta quedar siempre bien con los demás, sobre todo si hay que pedir limosnas, pero con quien menos queda bien, es con su propio dueño, N S Jesucristo.

Así es que definitivamente, este sacerdote y muchos que enseñan estos errores durante las homilías, son verdaderamente una calamidad y una vergüenza, y por supuesto que ellos necesitan regresar al seminario o dejarse instruir por personas más capacitadas que ellos. Pero por supuesto, esto representa una vergüenza y un rebaje humillante para un sacerdote, por lo que es más fácil abusar de su autoridad y decirle a un laico que se calle o se vaya y que no esté molestando.

¿¡Qué le puede importar a un sacerdote el laico si éste terminase en otra denominación religiosa!?

Felicidades y abrazos a la Iglesia, pues nuestros sacerdotes, avergüenzan a Cristo nuestro Señor, despreciando a sus ovejas y mandándolas fuera del redil, permitiendo que lobos rapaces las destruyan y se las coman.

Seguramente que hay que ensalzar al clero por tan asombroso trabajo de evangelización y por sus impresionantes obreros, que verdaderamente desparraman y destruyen al pueblo de Dios. ¡Esto sí que hay que festejarlo!

¿¡De cuando acá, la Iglesia tiene el derecho de cambiar el evangelio y transmitir un Evangelio que Cristo no le ha mandado enseñar!?

Recordemos que el apóstol pablo dijo con toda certeza a la comunidad de los Gálatas:
Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo les anunciaran un evangelio diferente del que les hemos anunciado, ¡Que sea anatema! Es decir que ese tal debe ser exterminado y desechado del pueblo de Dios.

El Señor todopoderoso, en el libro del Deuteronomio dice: Pero si un profeta tiene la presunción de decir en mi nombre una palabra que yo no he mandado decir, y habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá.

El mismo Pablo, le dice a la comunidad de los Corintos: Y nada tiene de extraño, que el mismo Satanás se disfrace de Ángel de luz. Por tanto, no es mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia. Pero su fin será conforme a sus obras.

¿¡Es que no es esta la causa por la que los católicos se cambian de religión!?, y es que cuando nuestros sacerdotes están corrompidos, ¿no son ellos los que promueven el desaliento en los laicos?, y si nuestros sacerdotes, están equivocados, cuanto más los demás servidores y encargados de los ministerios parroquiales, (grupos de oración, carismáticos, seminaristas, caballeros de colon, Marianos, cursillistas, etc., etc., etc.,.) que no saben nada de lo que enseñan y menos lo que significa ser el prójimo, y eso que muchos de ellos ya tienen canas de viejos en los ministerios y aún siguen verdes, aunque ellos se las dan de maestros.

¿Es que no es ésta la causa de la deficiencia en la doctrina de la Iglesia? ¿¡O es que vamos a seguir culpando a alguien místico e invisible ser, o quizás a algún laico inepto!? en lugar de sacarse el tronco que la Iglesia misma tiene en su pupila y empezar a enderezarse primero, antes de querer deliberar acerca de los demás.

A estos tales, Jesucristo los llama hipócritas fariseos, ¿o es que necesitamos estar ciegos para no darnos cuenta de los errores que cometen nuestros sacerdotes?

Si nosotros que somos laicos preparados en doctrina y teología dentro de la misma Iglesia Católica, sentimos el golpe y el funesto rechazo de nuestra propia Iglesia, díganos usted estimado lector ¿¡Cómo se sentiría un laico sin preparación y sin conocimientos doctrinales superiores, al descubrir errores y no poder hallar respuesta a su controversia, o al no hallar quién le pudiera dar una respuesta a sus dudas!?

¿No es más fácil para ese laico, salirse de la Iglesia Católica y formar parte de otras denominaciones religiosas que los están esperando con los brazos abiertos?

Veamos con sinceridad la gran tarea que tenemos todos en la Iglesia, y aun así nuestros sacerdotes, rechazan nuestro apoyo en la evangelización, porque para trabajar en las vendimias y recaudación de dinero para las parroquias, siempre hay gente, en especial nuestros propios sacerdotes, que por supuesto ellos no deberían bajo ninguna circunstancia andar envueltos en estos asuntos.

A nuestros sacerdotes, les encanta mezclar la colección de dinero con la Evangelización, por lo que nadie se dedica a enseñar o aprender la doctrina de la Iglesia, pues el dinero es el rey y en cualquier ministerio Eclesial, el dinero siempre sale triunfador.

Pero en lo que se refiere a la verdadera enseñanza evangélica, nuestra Iglesia carece de evangelizadores verdaderos, y cuando estos evangelizadores aparecen, son exterminados de inmediato, por la Iglesia misma. Sí, por supuesto que se sigue repitiendo la vida de Cristo, pues al igual que el pueblo judío condenó a Cristo, hoy lo sigue repitiendo la Iglesia condenando y despidiendo a justos laicos católicos, fieles a Cristo.

Así es que la Iglesia piensa, que mejor ni se aparezca algún evangelizador por ahí pretendiendo que es un sabelotodo, porque de inmediato queda fuera de la Iglesia. Y cuidado, porque como dice el dicho, el diablo no es diablo por diablo, sino por viejo y en esto la Iglesia es experta y muy conocedora de sus trucos para aislar y aniquilar a quien sea.

Claro, no hay problema, nuestro Señor Jesucristo fue el primer mártir o el primogénito de los mártires que sufrió fuera de la puerta despreciado por su propio pueblo, y si esto han hecho con el dueño de la casa, ¿que no harán con sus domésticos o que no hará la Iglesia con sus laicos?

Nuestro Señor Jesús sufre y está muy disgustado por los tantos males que la Iglesia hoy en día sigue cometiendo, Él llora en nuestros altares y nuestro Padre eterno solo detiene su mano contra la humanidad, por las lágrimas de sangre que brotan de su hijo amado.

Solo Él es el prójimo y es Él quien tiene misericordia de nosotros, solo Él es Sacerdote Eterno quien intercede por nosotros. Enderecemos nuestras vidas, y que lo escabroso se vuelva plano, para que Dios nuestro Padre desista de traer catástrofes a la humanidad.

 

Saludos, bendiciones y paz de parte nuestra y del Señor Jesús.
Y de vuestro hermano el menor:
Jesé Retoño,
Editorial Piedrecita.

Dibujo y arte por Javier Calvo.

 

Nota: Nuestra edición acerca del prójimo, explica con más detalles el origen etimológico de lo que es el prójimo y muchos otros puntos verídicos e importantísimos para poder comprender la verdad encerrada en este misterio del prójimo.
Esté al pendiente de nuestras futuras ediciones.
GRACIAS.

 

 

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