¿Quiénes son los Superiores en la Iglesia?

 
Sacerdote Tocando Puerta Editorial Piedrecita

Mensaje Universal: Los sacerdotes son los menores en el rango jerárquico de la iglesia, y los Obispos son aun con mayor razón inferiores a los laicos.

Existen secretos de la santidad que aunque fuesen revelados desde ya más de dos mil años por el mismo Cristo, no les hemos puesto atención suficiente y ni queremos poner atención. Hoy en día, el enfoque en la iglesia, son infinidad de cosas materiales, pero la ascética y la santidad, siguen pasos de tortuga.

Uno de los más grandes errores que hemos cometido en el catolicismo, es que se ha enseñado por siglos, que el orden jerárquico va de abajo hacia arriba, es decir de inferior a superior. La equivocada interpretación de la santidad en la iglesia, ha venido dañando a toda la grey. Porque en realidad, el orden jerárquico va de arriba hacia abajo, y esto lo probaremos aquí; para que el mundo entero se dé cuenta de que “El Lobo Apocalíptico” dice la verdad misma instituida y establecida por Cristo mismo. El lobo no está sordo y bien que ha oído la voz de su Padre Celestial, el todopoderoso.

Aquí comprobaremos que quienes son los superiores y quienes tienen mayor rango en la Iglesia, aquí en el mundo, son los laicos, y los que son de menor rango, son el sacerdocio en general.

Daremos unos ejemplos cuales quiera, de los que acontecen a diario: Si un sacerdote por ejemplo; llega a una comunidad, solicitado atreves de la Diócesis, para ayudar, alimentar y a apacentar a la comunidad ya existente, lo primero que hace un sacerdote nuevo, es hacer lo que a él le place en su nueva parroquia. Prácticamente sería algo así como un patrón nuevo, mostrando sus genialidades ante sus nuevos empleados.

En la nueva parroquia, el sacerdote nuevo, siempre tiende a escuchar a los líderes más viejos; normalmente, y casi siempre son los más infieles a Cristo, pero ellos son los que mandan.
Esto es orden jerárquico de abajo hacia arriba, es decir, los líderes y el sacerdote siempre mandan. Los laicos somos siempre los inferiores y el liderazgo los superiores.

Un sacerdote nuevo, llega normalmente agresivo, le da la orden inmediatamente al coro de la comunidad que ese canto no lo tocara más, que no los quiero aquí y que deben venir vestidos a mi manera. Algunos sacerdotes dan sermones extremadamente largos y muy enfadosos. Otros sacerdotes, extienden las misas al extremo de causar inconveniencias en la iglesia, creyendo que lo que ellos hacen es toda una obra celestial, cuando son todo lo contrario.

Los ministros de comunión, deberán usar sotana o alba para ejercer su ministerio, según las órdenes del nuevo párroco. Los ministros de comunión de habla en inglés, pueden ayudar en las misas vestidos, como ellos quieran, ellos no necesitan usar sotana. En la Misa de inglés, los miembros del coro y otros, pueden comulgar en el altar, al igual que los ministros de comunión, pero en las Misas en español, esto no es posible, y se puede notar fácilmente el favoritismo que hay en una cultura económicamente más fuerte, precisamente en las diferencias preferenciales, en comparación con en el trato desolador hacia los más pobres.

La Iglesia tiene su origen en los apóstoles y en Cristo que la formó, pero de eso ya hace más de dos mil años, así que esto es cada vez más, cosa del pretérito. Esto es cosa del origen y nacimiento de la Iglesia solamente. El rango jerárquico del sacerdote, es más alto que el de los laicos, esto es prueba de que el orden jerárquico se enseña de abajo hacia arriba, es decir de inferior a superior.

La Iglesia, hoy en día tiene el orden en el rango, como sucede en el “Servicio militar de un País”. Se destacan los generales, los capitanes y los políticos de más alto rango que mandan a las fuerzas de aquel país poderoso. Así mismo la Iglesia, define quienes son más excelsos y virtuosos en esta organización que supuestamente es divina.

Así pues, tenemos un ejemplo muy simple; el nombre de un acolito en nuestro país México, es el de un muchachito que normalmente ayuda al sacerdote con el mobiliario de los utensilios en el altar. Pero en el idioma inglés, sería “altar boy” que no solo designa a un típico acolito de una misa regular en español, pero que en inglés, tiene un significado más bien como de un “sheriff” o sea, significado de que alguien tiene un mando en el altar, y eso lo hace un miembro de la Iglesia muy especial; prácticamente un mandoncillo y aguerrido capataz en el altar.

Los “altar boys” son personas que son muy reconocidas en las misas en inglés y ellos se sienten personas superiores, que hasta lo demuestran con su conducta y carácter muy típico de un “súper acolito—altar boy”. Nota: algunos Altar Boys o Altar Girls, (Niñas Acólitos) saben cómo contestarte y asumen un control agresivo en sus respuestas.

He aquí una pequeña prueba de que el orden jerárquico va de abajo hacia arriba, y esto significa que un simple acolito, es superior a cualquier laico, según el orden jerárquico de la Iglesia.

He aquí otro ejemplo; tenemos el nombre que se le da a un ministro de comunión. El ministro de comunión, ayuda al sacerdote a impartir la hostia o el vino consagrado a los fieles, durante la Misa. Sucede que en la iglesia, este nombre es designado y nombrado de una manera muy diferente.

La Iglesia lo llama “Extraordinary Minister of Holy Communion” o sea el ministro de comunión, es llamado “Santo y Extraordinario Ministro de Comunión”. El ministro de comunión es nombrado y exaltado por la Iglesia, para definir el grado de santidad o para marcar el grado del ministerio y la superioridad sobre los demás laicos según el orden jerárquico de la Iglesia.

La Iglesia ve a un ministro de comunión como superior a los demás laicos, y a los acólitos como inferiores a estos, pero los ministros de comunión, ven a los laicos de una manera inferior a ellos. Nuevamente el orden jerárquico, va de inferior a superior, o sea el inferior es el laico y el superior el que sirve en el altar. Pero en nuestro tema aquí, “El Lobo Apocalíptico” le probará a usted, que es al contrario y los inferiores son los que se hacen superiores.

Uno de los más claros ejemplos de santidad excelsa, está en el más alto rango de la Iglesia. Por ejemplo, todos sabemos que es un “Obispo”, pues el Obispo se encarga de dirigir y pastorear al pueblo de Dios en una determinada región y esa determinada región, puede tener de cinco a veinte parroquias, por dar un ejemplo cualquiera.

Pero, cuando un obispo, controla más allá del número básico de parroquias, entonces este Obispo, se reconoce como “Arzobispo”.

La mayoría en la iglesia, sabemos que en muchas ocasiones nuestros Obispos, son los que menos dan prueba de lealtad a Cristo—pobre y humilde. Sin embargo, el arzobispado, tuvo su origen en la época feudal de los años 325 en adelante, y todo fue con el fin de controlar a más obispos.

He aquí una prueba contundente que atestigua que el orden jerárquico de la Iglesia va de abajo hacia arriba, es decir, desde el laico el inferior hasta el Obispo quien es el superior.

Pero Cristo mismo, quiere probar a usted y a las multitudes, que esto que se ha fomentado por siglos, ha sido completamente equivocado desde un principio, porque Cristo jamás enseñó a su Iglesia el orgullo; sino la humildad y la pobreza de su evangelio. Por lo que significa que el obispo, el de más alto rango en la Iglesia, es el más inferior a todos y el laico está por encima de él, porque así lo ha instituido Cristo—Señor y dueño de su Iglesia o pueblo santo.

Dirá usted que definitivamente a Jesé Retoño, se le aflojaron los tornillos, pero no, ya verá que si tengo razón en lo que aquí digo. No quiero con ello ofender a nadie, más bien quiero recalcar nuestra obligación de humildad que debemos tener en la iglesia, en especial cuando ocupamos un rango de mayor responsabilidad.

Estimada audiencia, sepa usted que no cualquiera en la Iglesia, puede hablar de esta manera y con tanta seguridad. Y mucho menos los laicos o seglares en la iglesia, pues no tenemos suficiente libertad para evangelizar ante los demás y menos en una homilía. Nadie en siglos pasados ha tenido este carácter o capacidad o coraje evangélico, para poder decir verdades que no son de este mundo, si no es que Dios mismo se las revela a quien Él quiere.

Aunque lo dicho aquí, está íntimamente ligado con la constitución de la santa Iglesia católica, nadie antes ha tenido este carácter de recalcar detalles con extrema afiliación a los planes de Cristo.
Pocos, poquísimos son los hombres que han decidido tomar la cruz de Cristo y acuestas. Pocos, escasos son los hombres que han decidido escuchar a Cristo y a Dios nuestro Padre, y pocos son los hombres en el mundo que han decidido no solo escucharlo, pero obedecerlo.

Lo que menos se pudiera esperar, es que Cristo se fije en un miserable y asqueroso laico cualquiera y darle este coraje evangélico; pero el Altísimo, hace gracia a quien hace gracia, y la fuerza de Dios se hace más presente en lo débil, en aquellos que son despreciados, olvidados o enajenados por el mundo y muchas veces por la Iglesia. Así que el menor de todos en la Iglesia, será aquel, el que Dios ha escogido, para reprender y para santificar a todos aquellos que busquen con corazón recto al Dios único y verdadero.

Jesucristo es quien da la enseñanza única del orden jerárquico y es Él mismo quien determina quién es el más alto y poderoso en su Iglesia o Reino, y así mismo, de la misma manera, Él es, el que determina cual es el que tiene menos valor en su reino.

Veamos este ejemplo proveniente de labios del mismo Cristo. Jesús contesta a los enviados de Juan el Bautista de esta manera:

Mateo 11, 10-11. “Este es de quien está escrito: He aquí que Yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista: sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él”. La iglesia, siempre celebra el día de San Juan Bautista, por ser el más grande de los profetas, y por ser el único que pudo ver al Mesías.

Si le preguntamos hoy en día a un sacerdote o líder cualquiera en la Iglesia, ¿qué significa: el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él? Seguramente, nos contestaría que no sabe, pero que todo lo que quiere decir Jesús es que todos estaremos con Él.

Hasta el presente, el sacerdocio y muchos en la iglesia, han estado interpretando las escrituras de una manera literal y que normalmente nos han llevado al error; pero en esta parte de la escritura, cuando Jesucristo dice que el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él—Jesús nos está diciendo clara y abiertamente que en el rango jerárquico de su pueblo aquí en la tierra, Él o sea Jesucristo mismo, Él es el más pequeño; pero allá en el cielo, el más pequeño aquí en la tierra, o sea Jesucristo mismo, Él es, el que viene a ser el más grande allá en el cielo.

¡Hay que estar relativamente muy cerca de Cristo, y hay que vivir junto a Él, todos los días de nuestra vida, y todos los segundos de nuestro tiempo para poder entender sus mensajes en sentido parabólico! Ya que ha Jesús, no le gusta quedar bien ante los demás, como lo hacemos muchos en nuestras sociedades.

Jesús nos está enseñando que en este mundo, los grandes de su pueblo aquí en la tierra, son los más pequeños y los más pequeños de su pueblo aquí en la tierra, son los más grandes en su pueblo allá en el cielo. Jesús nos está diciendo categóricamente que el Laico es mayor que el acolito, que el presbítero o el Obispo. Pero, también nos está diciendo categóricamente, que si los obispos y sacerdotes aquí en la tierra se sienten los más grandes, allá en el cielo, serán los más pequeños.

Por esta misma razón la santa Iglesia llama al sacerdocio “Sacramento de Servicio”, la iglesia le ha llamado al sacerdocio, ministerio de servicio; pero Cristo lo ha llamado ministerio de santificación y de humillación. Jesucristo le ha llamado a este ministerio “sacrificio y ministerio de pobreza total”. El despojo o circuncisión de este cuerpo o de esta vida y sus placeres, son la pobreza y el sacrificio o desecho del prepucio que se necesita para poseer el Reino de los Cielos.

Jesús se ha hecho esclavo de todos y ha vivido con los pobres y ha sufrido con los pobres y ha sido martirizado como un ladrón para estar con los pobres, y Él ha querido que los pobres en esta tierra sean respetados y amados como los grandes e importantes en el mundo.

Por eso el Apóstol Pablo dice en su carta a los Corintios (I Co. 4, 9-13):

Porque pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los Ángeles y los hombres. Nosotros, necios por seguir a Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros; mas vosotros, fuertes. Vosotros llenos de gloria; más nosotros, despreciados. Hasta el presente, pasamos hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes. Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos.

El apóstol Pablo, da testimonio personal de que los laicos son el pueblo de Dios y son en este mundo los elegidos y exaltados en la tierra, mientras que los sacerdotes y Obispos, son la parte más baja e inferior del orden Jerárquico de la Iglesia aquí en el mundo.

Pero muchos de nuestros sacerdotes actuales, no le llegan ni a los talones al Apóstol Pablo, y a Cristo menos. Pues muchos de nuestros sacerdotes, sin darse cuenta han estado ofendiendo a Cristo y han estado humillándolo y corrompiendo a toda la Iglesia de Cristo.

Jesucristo ha probado y enseñado que el sacerdocio, no es el rango más alto de la Iglesia, sino el más inferior y los laicos participan directamente del sacerdocio de Cristo, porque Él así lo designó. El Sacerdocio o los sacerdotes, son el ministerio que debe de dar ejemplo de pobreza y santidad hacia los demás.

Cuando digo yo, “Jesé Retoño”, que los laicos participan directamente del sacerdocio de Cristo, “no miento”, porque ya sé que hay muchos sacerdotes, súper preparados, súper calificados por las diócesis, y que recalcan con todo orgullo, y con certificados y títulos de teología, que el sacerdocio de Cristo es solamente compartido por los laicos. (Ya sabemos que hay muchos otros sacerdotes, de los que Cristo y muchos de nosotros nos sentimos muy contentos por su santidad).

Sin embargo, este sacerdocio al que muchos sacerdotes se refieren, es al sacerdocio que ellos recibieron por el sacramento del orden, por lo que ellos se consideran unos súper Cristos.

La mentalidad de muchos sacerdotes y evangelizadores, es que los laicos participan o comparten el sacerdocio de Cristo, a través de los sacerdotes o del sacerdocio. Por lo que ellos recalcan, que solo por la participación con ellos, y a través de ellos, es como los laicos participan en Cristo, y así es como está formada la iglesia, según el rango jerárquico. ¡Y no hay nada mal en esta forma de pensar, pues así es como nos movemos en la política y en este mundo!

Pero sucede que la palabra participación o compartir con Cristo, no es una función propia de Dios. Porque en parámetros humanos, podemos compartir un pan, una bebida, una naranja, etc., etc…
Estamos diciendo en términos humanos, que, el que comparte, se le tiene que acabar y por fuerza, al final todos nos quedamos sin nada. Y esta comparación en relación con el don de Dios, es totalmente catastrófica.

Cuando Cristo, dice que Él da la vida, no dice que Él la comparte, cuando Él dice que de Él corren ríos de agua viva, no dice que comparte su agua viva, cuando Él dice que Él da la vida por sus ovejas, no dice que Él comparte su vida, pero Él dice a ciencia cierta que, Él da su misma vida a los que le aman con corazón recto. Así que quien quiera que se entregue a Cristo, ese tal forma directamente parte de Cristo, no lo comparte a Cristo, sino que es parte intima del mismo Cristo y único Dios verdadero. Por lo que el sacerdocio ha transmitido el error de sentirse prácticamente como unos dioses y algunos hasta enseñan que por ellos, el sacerdocio de los laicos, es compartido.

Aunque, ciertamente Dios les ha dado su herencia y su lugar en el orden jerárquico eclesial, pero, obrando y pensando de esta manera, el sacerdocio siempre tendrá una puerta abierta a la vanidad y al orgullo, para sentirse unos súper Cristos o súper hombres, o súper dioses.

Pero estoy diciendo que por el sacerdocio de Cristo, todos somos santificados, aunque el sacerdote se sienta “súper santo” y que sin el sacerdocio del sacerdote no hay santidad en los laicos. Cuando un sacerdote se enorgullece por su sacerdocio, Cristo lo descalifica sin remedio, pues Cristo, está por encima de todos los sacerdotes. Al momento que un sacerdote piensa y se considera el súper santo y el súper teólogo certificado entre todos, Cristo y mi Padre celestial, ya lo han repudiado y hasta lo han vomitado.

Por eso dice el Señor todopoderoso en el Éxodo 19, 5-6. Ahora, pues, si de veras escuchan mi voz y guardan mi alianza, ustedes serán mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra, serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

(IS 61, 1-2 y 6):
El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh, a anunciar la Buena Nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran.
Y vosotros seréis llamados “sacerdotes de Yahveh”, ministros de nuestro Dios se os llamará.

Cuando Dios dice que seremos todos los laicos, (hombres y mujeres miembros de su pueblo o iglesia) un reino de sacerdotes, “Él no miente” y si Él lo ha dicho, es que así es la cosa, así nos guste o no nos guste, Dios es dueño de su Iglesia. El magisterio, la tradición y las escrituras no están por encima de Cristo y ni de Dios mi Padre Celestial.

Por eso nuestro Señor Jesucristo, dijo con toda claridad, a todos en la Iglesia, sin excepciones, incluyendo al clero o magisterio eclesial “el que quiera ser grande entre ustedes, que sea vuestro servidor y el que quiera ser el mayor, que sea vuestro esclavo”.

Jesucristo, nos ha llamado a un ministerio universal de pobreza y humildad a todos en general, y en su Reino no hay predilectos, solo seres humildes y entregados al bien de los demás y a ser servidores unos de los otros. Pero todo aquel que se sacrifique más, será recompensado según sus obras y Cristo será el juez justo y misericordioso.

Un sacerdote, mientras muestre su humildad tocando puertas, llevando el evangelio a los necesitados, celebrando el santo sacrificio del altar, con austeridad, con sacrificio, con humildad, con pobreza y viviendo una vida de santidad, Cristo lo recompensa inmensamente por su sacrificio. Dios ama a los sacerdotes y los bendice otorgándoles un nombre eterno, a todos aquellos sacerdotes, que dan la vida por el evangelio y dan testimonio evangélico con sus propias vidas.

Este “Lobo”, ha sido llamado por Cristo y por nuestro Padre Celestial, y no tiene la finalidad de destruir, pero de corregir y de llamar la atención seriamente, por todos los grandes descuidos de la Iglesia. La sabiduría viene de Dios, y sus dones dan fruto en todo aquel que preste atención a Cristo. Por eso Isaías, se atreve a decir: Fui hallado de quienes no me buscaban; me manifesté a quienes no preguntaban por mí.

Cuando Dios llama al hombre, y este le abre su corazón, Dios prueba su lealtad a sus hijos y sus hijos brillan según la luz y la Gracia del Todopoderoso.
El problema más grande del sacerdocio, es que no escucha a Cristo y no quiere escucharlo. El clero tiene la cabeza dura y el corazón empedernido y no quieren que Dios los cure, por eso Cristo y nuestro Padre celestial, se encuentran muy ofendidos. La madre de la Iglesia, sin embargo, se preocupa mucho y es una gran intercesora, sus alas aun nos están protegiendo, pero su preocupación es muy grande y no quiere lo peor para nosotros en el mundo.

Dios quiera, que su Iglesia y el mundo entero, sepan escuchar el mensaje de Jonás.
Está escrito en la ley: por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré yo a este pueblo, y ni así me escucharan, dice el Señor.

La paz de Cristo sea con todos.
Saludos de vuestro hermano el menor,
Jesé “Mi Mensajero” Retoño—Un Lobo Apocalíptico
Atentamente: Editorial Piedrecita.
Dibujo y Arte: Javier Calvo

  
 Ver también: Virtudes de San Juan Bautista

Virtudes de San Juan Bautista - Jesé Retoño

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