Sed Santos Porque Yo Soy Santo

 
Sacerdote Lavándose Manos Asustado del Ángel de Señor

Lavarse las manos antes de la consagración del pan y el vino, hoy en día es tan solo una rutina, que solo marca el pasado y el recuerdo de lo que obligaba a los sacerdotes de antaño.

En el rito antiguo, el sacerdote antes de ofrecer el sacrificio del altar y antes de entrar al altar, debía lavarse las manos y los pies, de lo contrario el sacerdote debía morir, según la ley dada a Moisés (Ex 30, 17-21).

Habló Yahveh a Moisés, diciendo: Haz una pila de bronce, para las abluciones. Colócala entre la Tienda del Encuentro y el altar, y pon agua en ella, para que Aarón y sus hijos se laven las manos y los pies.

Antes de entrar en la Tienda del Encuentro se han de lavar con agua para que no mueran; también antes de acercarse al altar para el ministerio de quemar los manjares que se preparan en honor de Yahveh.

Se lavarán las manos y los pies, y no morirán.
Este será decreto perpetuo para ellos, para Aarón y su posteridad, de generación en generación.

Jesucristo antes de partir de este mundo, Él decide lavarles los pies a sus discípulos, pues ellos estaban llamados al sacerdocio ministerial, pero Pedro le dice a Jesús ¡No a mí no! Pedro aun no entendía nada y por eso Jesús le dijo: Si no te lavo, no tienes parte conmigo. Entonces, Pedro pensándolo bien, le dice: En ese caso, puedes lavarme no solo los pies, pero hasta las manos y la cabeza. Jesús le dice a Pedro: El que se ha bañado, no necesita lavarse más, pues está limpio.

Por años, nuestros sacerdotes han enseñado con el lavatorio de los pies, la función que tenemos todos como servidores unos de otros, mensaje universal, pero que anula la verdadera enseñanza de Cristo.

Jesús, especifica y aclara ante los apóstoles o futuros Obispos y sacerdotes su postura—asegurándoles categóricamente y sin rodeos, que aquel que ha de ser sacerdote y que se acerque al altar, debe de estar limpio todo. El sacerdote debe ser consagrado y ser completamente limpio del alma ante Dios.

En la ley antigua, el sacerdote debía morir, si no estaba limpio, y en la Ley Nueva o Nuevo Testamento, no solo debe de lavarse las manos, los pies y la cabeza, sino hasta el alma entera—de lo contrario el sacerdote está muerto y no existe para Cristo. Es decir que ya está muerto y no tendrá parte en la Gloria eterna, así él esté al frente de los laicos celebrando Misa. El alma del sacerdote, debe de estar limpia dice el Señor todopoderoso, pues lo tibio lo vomito.

Los sacerdotes han de ser Santos para su Dios y no profanarán el nombre de Dios, pues son ellos los que presentan los manjares que se han de abrasar para Yahveh, son ellos los que presentan el alimento de su Dios; y deberán ser santos, dice el Altísimo.

Cuando Dios juzga, es porque hay culpa y hay ausencia de su Espíritu Santificador. Cuando un sacerdote, transmite un error en la comunidad, el error se esparce y todos creen en él. El error se transmite y el pueblo, lo acepta y lo cree todo, quedando el error diseminado y el mal injertado en todos, en especial en el Sacerdote culpable de cometer el error.

Cuando un sacerdote vive una doble vida, comete faltas y errores evangélicos. El sacerdote no solo se pierde él mismo por sus actos corruptos, pero miles de fieles católicos que han creído en él, son también condenados por culpa del sacerdote que los indujo. Cuando un sacerdote, no está limpio ante Cristo, sus palabras suenan huecas, grita demasiado y al no llevar el Espíritu de Cristo, solo es un maniquí que habla. El sacerdote podrá dárselas de Superman y de ser el dueño de su parroquia, pero con todo y esto, él está sordo a la voz de Cristo.

Pío XII en su encíclica Mediator Dei nos dice que por la consagración recibida en el Sacramento del orden Sacerdotal, este goza de la facultad de actuar por el poder del mismo Cristo a quien representa. Los poderes Sacerdotales, no son del Sacerdote sino de Cristo y los recibe no para sí mismo, sino para la santificación de los fieles.

Es por eso que el Sacerdocio es llamado Sacramento de Servicio.

La responsabilidad de levantar a la Iglesia, radica en las conversiones de 180 grados, pero más que todo en la preparación e instrucción Religiosa de todos los miembros de la Iglesia, en todo el mundo. Nuestros sacerdotes, están más obligados que cualquiera a instruirse y a escuchar la Voz de Cristo, y a ser los primeros en ser obedientes y mostrar la misericordia de Cristo para todos en el mundo.

 

Bendiciones a todos.
Paz departe de vuestro hermano el menor Jesé Retoño—“Mi Mensajero”
Atentamente,
Editorial Piedrecita.
Dibujo y arte por Polina Ipatova

 

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *